viernes 4 de septiembre de 2026 17:16:23

EL ENDEUDAMIENTO FAMILIAR COMO RED DE SUPERVIVENCIA: EL 76,5% DE LOS HOGARES EN CRISIS FINANCIERA DESTINA CRÉDITOS A COMIDA Y VIVIENDA

Un preocupante informe sobre las finanzas de los sectores vulnerables revela que la aplastante mayoría de las familias en dificultades recurre a la toma de deuda no para la compra de bienes durables o capitalización, sino para cubrir consumos de primera necesidad. El fenómeno expone el deterioro del poder adquisitivo, la pérdida de calidad del empleo y los límites del programa de contención inflacionaria.

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El cuadro social de la Argentina exhibe una severa distorsión en la dinámica del crédito privado. Según datos recabados por relevamientos técnicos sobre las finanzas de los hogares, el 76,5% de las familias que atraviesan dificultades financieras debieron endeudarse activamente durante el último período con el único fin de financiar bienes de consumo básico —principalmente alimentos— y gastos corrientes vinculados a la vivienda, como alquileres y servicios esenciales.

El fenómeno de «endeudamiento para comer» pone de manifiesto una encrucijada estructural en el programa económico. Economistas y analistas del sector señalan que el recurso al financiamiento informal, el uso intensivo del saldo de las tarjetas de crédito y las financieras de barrio responden al desacople entre el ritmo de la inflación en la canasta básica y la pérdida de capacidad de compra de los salarios reales y jubilaciones. En lugar de funcionar como un apalancamiento para el consumo de bienes durables o la inversión familiar, el crédito se transformó en una herramienta compulsiva para evitar el bache alimentario diario.

Asimismo, la persistencia de elevadas tasas de interés para el financiamiento no bancario agrava la vulnerabilidad social, generando una espiral de sobreendeudamiento que atrapa a los sectores medios y de menores ingresos. Mientras el Gabinete económico destaca los indicadores de desaceleración de la inflación general, la microeconomía de los hogares muestra que la contención de precios se sostiene en parte sobre una contracción severa de la demanda interna y la postergación de pagos esenciales.

La proliferación de deudas destinadas a cubrir necesidades vitales expone que la estabilidad macroeconómica anunciada desde los despachos oficiales aún no derrama en la economía cotidiana. Sin una recomposición efectiva de los ingresos y la generación de empleo de calidad, el recurso endeudador de las familias corre el riesgo de agotarse, dejando al descubierto la fragilidad del entramado social en la recta final de la gestión.