lunes 17 de agosto de 2026 11:45:13

EDITORIAL: LA TRAMPA DEL PÈNDULO ARGENTINO: ENTRE LA ILUSIÒN DEL SHOCK Y LA DURA REALIDAD DEL BOLSILLO

La Argentina no empezó a crujir hace veinte años ni su crisis se explica por la gestión de un único gobierno. Quienes peinan canas y han recorrido las distintas páginas de nuestra historia reciente saben perfectamente que el país lleva más de siete décadas atrapado en una dinámica perversa: el péndulo irresponsable entre épocas de expansión del gasto sin sustento y períodos de ajuste severo que terminan destruyendo el tejido social y productivo.

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Por Jorge Victorero, Director del Multimedios Prisma 

Desde el endeudamiento de la dictadura y las crisis de los ochenta, pasando por el espejismo de la Convertibilidad en los noventa y los desequilibrios acumulados en las últimas décadas, el diagnóstico de fondo siempre ha sido el mismo: la incapacidad de construir un modelo de desarrollo estable que concilie el orden macroeconómico con la producción nacional y el bienestar de la gente.

La narrativa del «enemigo único» y el costo del «hachazo»
En el escenario político actual, la construcción de un antagonista como el kirchnerismo ha funcionado como el motor narrativo perfecto para justificar un ajuste de shock sin precedentes. Sostener que «no había otra alternativa» permitió encuadrar el sacrificio social no como una decisión ideológica, sino como una anestesia inevitable frente a la catástrofe.

Sin embargo, centrar toda la responsabilidad en un solo ciclo político omite la fragilidad estructural que la Argentina arrastra desde hace generaciones. Y lo más grave: justifica un método de saneamiento fiscal que vuelve a cargar el peso del esfuerzo sobre las espaldas más frágiles.

Los números de la macroeconomía —el superávit fiscal, la emisión cero o la desaceleración de los índices de inflación— pueden lucir impecables en la planilla de un despacho oficial.

Pero cuando esos logros se consiguen a costa de la licuación de las jubilaciones, la paralización de las PyMEs, la pérdida de puestos de trabajo y el endeudamiento de las familias para pagar la luz o los medicamentos, la desconexión con la realidad se vuelve peligrosa.

        La regla de oro: de la memoria al                               bolsillo
Hay una regla no escrita en la política: las sociedades pueden votar con la memoria durante el primer año de gestión, pero empiezan a votar estrictamente con el bolsillo a partir del segundo.

Pedirle a una población exhausta que espere décadas para ver los frutos de un modelo liberal en estado puro choca de frente con la urgencia del mostrador diario.

La narrativa del ajuste «contra la casta» pierde efectividad a medida que la clase media y los sectores populares comprueban que el verdadero costo lo están pagando ellos.

Sin mercado interno no hay PyMEs que resistan; sin ventas no hay recaudación que sostenga las cuentas del Estado; y sin un Estado empático que contenga a sus ciudadanos, la paz social se erosiona.

El desafío pendiente
El debate no pasa por defender recetas del pasado que mostraron sus propios límites, ni por negar la necesidad de ordenar las cuentas del Estado. El verdadero dilema radica en comprender que ningún plan económico es viable en los papeles si no es sostenible en las calles.

Si la estabilidad financiera no logra transformarse en reactivación concreta para el jubilado, el comerciante y el trabajador, la historia argentina volverá a repetir su lección más amarga: que cuando la teoría aplasta a la economía real, el margen social termina agotándose.