martes 14 de julio de 2026 17:48:50

LA MACROECONOMÍA DEL ALIVIO Y LA MICROECONOMÍA DE LA ASFIXIA: EL TIEMPO POLÍTICO AL LÍMITE

Como cronistas de la realidad diaria, estamos obligados a desarmar la ilusión de los grandes anuncios para analizar el poder real.

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Editorial: Por Jorge Victorero Director de Multimedios PRISMA 

La difusión del último índice de precios al consumidor por parte del INDEC, que posicionó la inflación de junio en un 1,9%, representa indudablemente un hito técnico para el Palacio de Hacienda.

Perforar el piso del 2% mensual por primera vez en diez meses le otorga al oficialismo nacional un argumento sólido ante los mercados internacionales y un espaldarazo a su hoja de ruta de disciplina fiscal.

Sin embargo, detrás del festejo de las planillas de Excel y de la innegable desaceleración del indicador general, se esconde una realidad mucho más compleja y dolorosa que late en el mostrador de cada comercio de barrio y en el interior de los hogares bonaerenses.

Como cronistas de la realidad diaria, estamos obligados a desarmar la ilusión de los grandes anuncios para analizar el poder real.

La inflación no baja por un shock de confianza o por una explosión de inversiones productivas, sino como consecuencia directa de una severa recesión y una drástica caída del consumo.

En términos llanos:

Los precios aumentan más despacio simplemente porque la calle se ha quedado sin pesos para convalidar nuevos aumentos. Mientras la macroeconomía exhibe con orgullo el equilibrio fiscal, la economía «casera» de la clase media y de los sectores trabajadores afronta una carrera asimétrica donde los salarios e ingresos informales corren muy por detrás de una Canasta Básica Total que ya supera el millón y medio de pesos.

Que la inflación sea del 1,9% no significa que las cosas bajen de precio; significa que la vida sigue encareciéndose sobre un colchón de costos fijos que ya resulta prohibitivo.

Este escenario de asfixia se traduce en un fenómeno que los principales analistas y encuestadores ya registran como una alarma estructural:

El endeudamiento crónico de las familias. Hoy el ciudadano común no utiliza el financiamiento plástico para el confort o el esparcimiento, sino para financiar la subsistencia básica; se tarjetea la comida en la góndola del supermercado, se pagan los mínimos de las tarjetas de crédito generando una bola de nieve de intereses usurarios, o se eligen qué facturas de servicios públicos dejar vencer para llegar a fin de mes.

El cansancio social no es una percepción abstracta, es un dato duro de la realidad que empieza a horadar los niveles de tolerancia y expectativa que hasta ahora sostenían la paciencia pública.

En este tenso escenario, el mapa político se reconfigura a contrarreloj con la mirada puesta en las urnas de las pròximas elecciones.

Por el lado del oficialismo nacional, la estrategia parece centrarse en una peligrosa dualidad:

Una voracidad hegemónica discursiva en el plano nacional que choca con sus propias fracturas internas —donde el PRO y los sectores aliados disputan la identidad del espacio— y una necesidad imperiosa de utilizar herramientas discrecionales, como los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), para cooptar gobernadores y atomizar a la oposición parlamentaria.

En la vereda de enfrente, el peronismo de la provincia de Buenos Aires transita su propia encrucijada; atrapado en un internismo de borradores y recelos mutuos entre los liderazgos tradicionales y la construcción territorial de la gobernación, corre el serio riesgo de olvidar que la dispersión electoral suele ser la antesala de la derrota.

El reloj corre y el tiempo político se agota. Ningún gobierno, por más blindaje institucional o éxitos macroeconómicos que exhiba, puede sostenerse indefinidamente de espaldas al bolsillo de sus ciudadanos.

Si las fuerzas de la oposición no logran deponer los personalismos y las apetencias sectoriales para ofrecer una alternativa seria y unificada, y si el oficialismo no comprende que la paz de los mercados es estéril si se edifica sobre la asfixia del consumo y la destrucción del empleo, el humor social terminará dictando su propio e inapelable veredicto en el cuarto oscuro.

La macroeconomía puede cantar victoria en las oficinas de Buenos Aires, pero la gobernabilidad real se plebiscita todos los días en la realidad cotidiana de nuestro pueblo.Imágen creada por IA