EL REORDENAMIENTO DEL PODER REAL: LA ILUSIÓN DE LAS ENCUESTAS FRENTE AL AHOGO DE LA CALLE Y EL TRIÁNGULO DE LA ECONOMÍA
El entorno de Javier Milei adelanta la agenda electoral con el PRO mientras los salarios quedan pulverizados por las tarifas y los alimentos diarios. En un escenario de asfixia, las decisiones de fondo dependerían de un cerrado esquema de poder centralizado que condicionaría el margen de maniobra de las provincias y del peronismo bonaerense.
Periodismo que analiza el poder real. Apoyá nuestra labor. Alias: MULTIMEDIOS.PRISMA
EDITORIAL POR JORGE VICTORERO DIRECTOR MULTIMEDIOS PRISMA
La pretensión oficialista de instalar anticipadamente la carrera por la reelección de Javier Milei hacia 2027 contrasta abiertamente con la cruda realidad que se percibe a diario en el llano. Aunque determinados relevamientos de opinión pública difundidos por grandes medios intentan exhibir un supuesto cambio favorable en el humor social, la experiencia empírica en almacenes, taxis, colectivos y barriadas devuelve una postal idéntica: el agotamiento frente a un esquema donde los salarios permanecen congelados mientras los precios de los alimentos esenciales como la carne, el pollo y los combustibles, sumados a las tarifas de gas y electricidad, se incrementan de manera permanente. Ello desarma las especulaciones de los manuales macroeconómicos ortodoxos que justifican el congelamiento de haberes para evitar espirales inflacionarias.
La ciudadanía demuestra voluntad de pago, pero carece materialmente de los recursos para afrontar la asfixia impositiva y tarifaria avalada en simultáneo por las órbitas nacional y provincial, empujando a más de siete millones de personas al endeudamiento con tarjetas o a los intereses usurarios del desregulado mercado de las plataformas financieras tecnológicas (Fintech), un negocio millonario ante el cual tanto el oficialismo como la oposición guardan un llamativo silencio legislativo.
Las llaves fundamentales de este rumbo económico no se encontrarían en los ministerios periféricos, sino en un hermético triángulo de decisiones en la Capital Federal que determinaría el destino de todas las economías regionales.
El presidente Javier Milei funcionaría como el paraguas ideológico y doctrinario, fijando el mandato innegociable del déficit cero; el ministro Luis Caputo operaría como el ejecutor técnico de la botonera financiera y el control de la caja diaria; mientras que el asesor Santiago Caputo actuaría como el filtro estratégico que evaluaría la viabilidad política de cada medida.
Fuera de este núcleo, figuras como Federico Sturzenegger desde la desregulación estructural y Demian Reidel en la búsqueda de inversiones externas intentarían complementar un diseño centralizado. Este esquema de poder concentrado explicaría el desembarco de Diego Santilli en una Jefatura de Gabinete que ha fagocitado las competencias del Ministerio del Interior para centralizar la negociación federal.
Este pacto operativo absorbe cuadros del PRO y margina a Mauricio Macri, quien opta por replegar sus aspiraciones al blindaje de la Ciudad de Buenos Aires mediante su primo, Jorge Macri, dispuesto a convalidar acuerdos de conveniencia mutua a cambio de garantizar su propia continuidad.
El diseño oficialista, no obstante, ejecutaría un severo ahogo financiero sobre la Provincia de Buenos Aires, el distrito con el mayor padrón del país —superando los 17 millones de votantes—, abriendo un severo interrogante sobre qué explicación ofrecerían los referentes locales de La Libertad Avanza ante un Conurbano bonaerense sometido a una profunda restricción de recursos esenciales.
Este escenario de asfixia sitúa en el centro del tablero opositor al gobernador Axel Kicillof, consolidado hoy como la principal referencia institucional del peronismo. Aunque el mandatario provincial esquiva las definiciones de candidatura y manifiesta su disposición a dirimir liderazgos a través de internas abiertas o PASO, su proyección tropieza con un obstáculo insoslayable dentro de su propio espacio: la figura de Cristina Fernández de Kirchner y la conducción de Máximo Kirchner.
A pesar del derrotero judicial, las condenas y los embargos que pesan sobre su estructura, la expresidenta conserva una centralidad indiscutible y el monopolio de la última palabra en el movimiento. La paradoja del enfrentamiento radica en que Kicillof alcanzó la cúspide política bajo el amparo de la lapicera de Cristina Kirchner, pero hoy intenta emanciparse de la tutela del Instituto Patria y de La Cámpora para evitar que se repita la imposición de las nóminas legislativas.
En una fuerza que históricamente ha debatido la administración del poder entre lealtades y rupturas, la construcción de una alternativa de gobernabilidad frente a la actual gestión libertaria dependerá de la capacidad del peronismo para saldar esta disputa de conducción, en un contexto social donde las urgencias económicas del presente no admiten dilaciones ni retóricas de pizarrón. Imágen realizada con IA