domingo 14 de junio de 2026 11:05:35

LA «DOBLE PANTALLA» ARGENTINA: CUANDO LOS GOLES NO ALCANZAN PARA PAGAR LAS DEUDAS

El Mundial de Fútbol, lejos de ser un analgésico social definitivo, exacerbaría la tensión entre la pasión popular y una crisis de endeudamiento familiar asfixiante que el Gobierno Central parecería ignorar.

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Por Jorge Jorge Victorero Director del MultmediosPrisma

En estas horas de fervor mundialista, donde la atención colectiva parece estar secuestrada por las pantallas que transmiten desde Norteamérica, la Argentina viviría una realidad esquizofrénica. No se trataría de una amnesia colectiva inducida por el fútbol, sino de un fenómeno mucho más complejo y doloroso: la convivencia forzosa en una ‘doble pantalla’. En una, la más grande y brillante, se gritarían los goles de la Selección; en la otra, la del celular o el resumen bancario, se observaría con angustia el colapso silencioso de la economía doméstica.

La pasión futbolera de este pueblo es innegable y serviría, quizás, como un alivio momentáneo, un recreo necesario de 90 minutos para un cuerpo social exhausto. Sin embargo, sería un error de cálculo político —y periodístico— asumir que el rodar de la pelota taparía el sol con la mano. Los problemas socioeconómicos que atravesaríamos no habrían entrado en cuarentena. Muy por el contrario, la soga del endeudamiento familiar se tensaría cada día más.

Un informe reciente del Banco Central (BCRA) expondría cifras escalofriantes que no distinguirían entre hinchas de uno u otro equipo: casi seis millones de personas en todo el país estarían atrapadas en una espiral de deuda que no podrían afrontar.

El «hachazo» en los ingresos reales, que muchos analistas adjudicarían a las políticas de la actual administración central, habría empujado a las familias a una «economía de guerra», obligándolas a recurrir a todo tipo de ingeniería financiera para subsistir.

El uso desbordado de tarjetas de crédito para comprar alimentos básicos, el refugio en préstamos bancarios a tasas asfixiantes y el salto hacia las Fintech y billeteras virtuales con costos financieros aún mayores, serían el síntoma de un sistema que estaría forzando a elegir entre comer o pagar las deudas.

El Gobierno Central, sin embargo, parecería gobernar para un solo sector, concentrado en variables macroeconómicas mientras la microeconomía familiar implosionaría. Esta aparente desconexión se percibiría con mayor intensidad en las provincias, y muy especialmente en la de Buenos Aires, donde millones de personas, independientemente de su afinidad política, sufrirían el impacto de esta doble pinza.

Mientras tanto, la política no detendría su marcha por el Mundial. La rosca no conocería de fair play.

Las diversas facciones que componen el escenario nacional —con un oficialismo internamente fracturado, un peronismo loteado en disputas personales que confrontarían a figuras como Cristina Kirchner y Axel Kicillof, y una izquierda casi testimonial— ya se habrían probado el traje de campaña para las próximas elecciones legislativas. El fútbol no los distraería; solo cambiaría el escenario de sus disputas.

Por todo esto, este Mundial no sería una cortina de humo, sino un espejo de nuestra propia vulnerabilidad.

Al apagarse los televisores, la realidad del endeudamiento, la falta de empleo y la incertidumbre política volvería a ocupar el centro de la escena. Los goles no se podrían canjear por el pago mínimo de la tarjeta.

La ‘doble pantalla’ no sería una opción, sino el reflejo de un país que, mientras grita, también estaría asfixiándose.