domingo 7 de junio de 2026 20:40:40

ALBERDI EN EL ESPEJO DE MILEI: «EL ALMA MÁTER» DEL OFICIALISMO QUE JAMÁS HUBIERA AVALADO EL DESPRECIO A LA PRENSA LIBRE

La prensa argentina no requiere del saludo de la máxima autoridad para ratificar su vigencia, pero la ausencia de una mínima cortesía institucional opera como un síntoma preocupante en la salud de las instituciones.

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POR JORGE VICTORERO DRECTOR MULIMEDIOS PRISMA

El silencio del Presidente en el Día del Periodista expone una profunda contradicción ideológica. Juan Bautista Alberdi, el prócer tucumano invocado como el faro del modelo libertario, fue un periodista de raza que concibió a la prensa libre como el límite fáctico contra el despotismo de los gobernantes.

El cierre de las jornadas conmemorativas por el Día del Periodista en la República Argentina dejó al descubierto un vacío institucional que reverbera con fuerza en el análisis del Poder Real.

Mientras gobernadores de diverso signo político, legisladores y la propia vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, cumplieron con el reconocimiento protocolar a los trabajadores de prensa, el presidente Javier Milei optó por un cerrado silencio oficial, interrumpido únicamente para convalidar descalificaciones hacia los medios de comunicación en las redes sociales.

La actitud del Jefe de Estado no solo tensa la convivencia democrática en el llano urbano, sino que ingresa en el terreno de las contradicciones históricas insostenibles si se la pasa por el bisturí del pensamiento alberdiano.

El Presidente evoca de manera constante a Juan Bautista Alberdi como su «alma máter» y el arquitecto de la Argentina próspera; sin embargo, el prócer tucumano —que también fue un periodista de trinchera bajo el seudónimo de Figarillo— dejó un legado doctrinario que colisiona de frente con el torniquete discursivo y el hostigamiento hacia la prensa libre.

Al analizar los textos fundamentales del autor de las Bases, la realidad material de la historia demuestra que Alberdi jamás habría tolerado el desprecio hacia el periodismo, estructurando su pensamiento sobre tres ejes científicos e institucionales que hoy interpelan directamente a Balcarce 50:

La prensa como el freno fáctico al absolutismo:

Para Alberdi, la libertad de imprenta no era un privilegio corporativo de los cronistas, sino una necesidad vital de la República para evitar que el Poder Ejecutivo se transformara en una tiranía encubierta. En sus escritos políticos, determinó taxativamente que la discusión pública y la crítica periodística eran el único contrapeso legítimo frente a la tendencia natural de los gobernantes de acumular poder absoluto y acallar las voces disonantes.

El debate de ideas frente al agravio digital:

El prócer ejerció un periodismo combativo, pero conceptual. Su pluma persiguió la construcción del orden constitucional y el progreso en el territorio, valiéndose del argumento y la razón.

La lógica contemporánea del ataque coordinado hacia los cronistas que caminan las calles o el escrutinio de las opiniones individuales desde la cima del Estado representan, científicamente, la antítesis de la tolerancia civil y el respeto por el pensamiento ajeno que Alberdi consideraba indispensables para la libertad.

Un liberalismo integral, no selectivo:

El pensamiento alberdiano jamás separó la libertad económica de las libertades políticas y civiles. En Bases y puntos de partida para la organización política, la libre circulación de ideas y el derecho a interrogar al poder formal son colocados en el mismo rango de importancia que la apertura de los puertos o el desarrollo de los ferrocarriles.

Para el prócer, una gestión que restringe o descalifica el mostrador informativo vulnera la esencia misma del sistema republicano de 1853.

La prensa argentina no requiere del saludo de la máxima autoridad para ratificar su vigencia, pero la ausencia de una mínima cortesía institucional opera como un síntoma preocupante en la salud de las instituciones.

Invocar el nombre de Alberdi para legitimar reformas económicas, mientras se da la espalda a su profunda vocación periodística y republicana, expone los límites de un relato que empieza a crujir en el examen de coherencia del llano societario. El «alma máter» de la Constitución Nacional no vería con buenos ojos que el libre examen de los actos de gobierno sea tratado hoy como una declaración de enemistad estatal.