LA CGT MARCA LA CANCHA: EL SINDICALISMO EXIGE «PONER LÍMITES» AL MODELO MILEI EN UNA PLAZA COLMADA
En el marco de la masiva movilización por el Día del Trabajador, la cúpula de la CGT lanzó una fuerte proclama política instando a «poner límites» a las políticas del Ejecutivo. Con un discurso que cruzó la crisis económica con la defensa de los derechos laborales, la central obrera envió un mensaje directo al Congreso y a la Casa Rosada: la paciencia social se agota y el plan de lucha está lejos de desactivarse.
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La jornada de este 30 de abril dejó de ser un simple acto conmemorativo para transformarse en un ultimátum político. La consigna de «poner límites» resonó con fuerza desde el escenario montado en Plaza de Mayo, donde los líderes sindicales advirtieron que no permitirán que el ajuste fiscal se sostenga exclusivamente sobre las espaldas de los trabajadores y los jubilados. El concepto de «límite» no solo refiere a la Ley Bases y la reforma laboral, sino también al deterioro del poder adquisitivo y la caída del consumo.
Durante el acto, se hizo hincapié en que la gobernabilidad no es un «cheque en blanco». La dirigencia gremial subrayó que la paz social está atada al respeto por las paritarias y la vigencia de los convenios colectivos. «El límite es el hambre de la gente», se escuchó decir entre las columnas de los sindicatos industriales y de servicios, marcando un contraste absoluto con la agenda de desregulación que impulsa el oficialismo.
El llamado a la acción también fue dirigido hacia los legisladores nacionales. La CGT busca que el Congreso se convierta en el dique de contención contra el paquete de reformas del Gobierno. En este sentido, la movilización de hoy funcionó como una demostración de músculo para influir en las votaciones que se avecinan, dejando en claro que cualquier intento de avanzar sobre los derechos históricos encontrará una respuesta contundente en la calle.
Para el análisis del poder real, esta jornada marca el fin de la «tregua» tácita que algunos sectores intentaban sostener. Con la frase «poner límites» como bandera, el sindicalismo organizado recupera su rol de opositor central, proyectando un horizonte de mayor conflictividad si no hay un cambio de rumbo en las mesas de negociación. El 1° de Mayo llega, así, con un movimiento obrero en guardia y dispuesto a profundizar el reclamo.