martes 3 de marzo de 2026 00:12:26

EDITORIAL: EL ABISMO DE LA ROSADA Y LA TRINCHERA DE LA PLATA

Estamos ante un país con dos capitales en guerra. Mientras en Buenos Aires se celebra el superávit como una religión, en La Plata se agita la bandera del federalismo como un escudo.

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Por Jorge Victorero. Argentina asistió este fin de semana a un espectáculo de esquizofrenia política. En menos de 48 horas, dos hombres que gobiernan al mismo pueblo describieron dos planetas diferentes. Javier Milei, desde un atril porteño, nos habló de una epopeya liberal, de «fuerzas del cielo» y de un futuro brillante que solo él puede ver. Axel Kicillof, desde el barro bonaerense, nos habló de resistencia, de un Estado «asfixiado» y de un «industricidio» provocado por el vecino de la Casa Rosada.

El Palacio de Cristal de Milei El Presidente inauguró las sesiones con la soberbia de quien se siente refundador. Su discurso fue un misil teledirigido a la «casta», pero los esquirlas impactaron en su propia mesa. La frialdad glacial con Victoria Villarruel y ese dardo venenoso sobre quienes «sueñan con el sillón de Rivadavia» confirman que Milei hoy solo confía en su sombra y en su hermana. Gobernando en una burbuja de Excel y redes sociales, el Presidente decretó el «fin de la malaria» mientras, afuera, el ciudadano promedio cuenta las monedas para el colectivo. Fue un discurso de CEO para accionistas, ignorando que sus «empleados» —los argentinos— ya no llegan a fin de mes.

La Resistencia Selectiva de Kicillof Al otro lado del puente, Kicillof montó su propia trinchera. Su discurso fue un inventario minucioso de patrulleros y ladrillos, una forma de decir: «Yo gestiono, él tuitea». Pero el Gobernador también juega su juego. Al refugiarse en la «motosierra nacional» para justificar el silencio sobre los sueldos de sus propios policías, médicos y maestros, Kicillof encontró el culpable perfecto para sus propias limitaciones. Su épica de la inversión pública es real, pero no llena la heladera de los estatales que hoy iniciaron las clases con un paro masivo.

Dos Países, Ningún Encuentro Lo que más asusta de este contrapunto no es la diferencia ideológica, sino la desconexión total. Milei habla de geopolítica y Trump; Kicillof habla de cloacas y hospitales. Ninguno escuchó al otro. Milei desprecia la legitimidad de Villarruel (votada por el pueblo) y Kicillof desprecia la urgencia del ajuste que el electorado también validó en las urnas.

Conclusión Estamos ante un país con dos capitales en guerra. Mientras en Buenos Aires se celebra el superávit como una religión, en La Plata se agita la bandera del federalismo como un escudo. En el medio queda la gente, esa que no entiende de «bases» ni de «fondos fiduciarios», pero que hoy vio cómo sus dos máximos líderes prefirieron medirse el ego antes que proponer una salida conjunta. 2026 arranca con una certeza inquietante: la grieta ya no es solo de palabras, es de realidades paralelas. Y en esa brecha, el que cae siempre es el mismo: el laburante.Redacción Multimedios Prisma.