POLÍTICA: GUERRA DE GESTOS EN EL CONGRESO: EL AVANCE DE KARINA, EL DESPRECIO A LA VICEPRESIDENTE Y LA SOMBRA DEL «SILLÓN DE RIVADAVIA»
La apertura de sesiones dejó al descubierto la fractura interna en la cima del poder. Con una Karina Milei forzando el protocolo para desplazar a la Vicepresidenta, y un discurso presidencial cargado de desconfianza hacia «propios y ajenos», la interna libertaria quedó expuesta en prime time.
La política es, ante todo, una puesta en escena, y lo que se vio anoche en el Congreso de la Nación fue un drama palaciego en tres actos. El protagonista no fue solo el discurso de Javier Milei, sino la sorda pero evidente batalla por el espacio físico y simbólico que libraron «El Jefe», Karina Milei, y la Vicepresidenta de la Nación.
El avance de «El Jefe» sobre el protocolo Resultó imposible ignorar los movimientos de Karina Milei. Sin haber pasado por el filtro de las urnas y sin ostentar un cargo electivo, la hermana del Presidente forzó el protocolo en repetidas ocasiones para caminar a la par de su hermano, intentando ocupar el lugar que institucionalmente le corresponde a la Vicepresidenta. Los codazos simbólicos para salir en la foto y el despliegue de autoridad de Karina dejaron una imagen potente: en el universo Milei, la confianza familiar pesa más que la legitimidad del voto popular que sí posee Villarruel.
Frialdad glacial y un saludo de compromiso La llegada del mandatario al recinto confirmó los rumores de ruptura. El saludo a la Vicepresidenta fue de una frialdad técnica, carente de cualquier gesto de complicidad o respeto político. Fue un trámite administrativo más que un encuentro entre la fórmula que llegó al poder en 2023. Esa distancia se mantuvo durante toda la noche, con una Villarruel que mantuvo la compostura institucional mientras, a pocos metros, el círculo íntimo del Presidente la ignoraba deliberadamente.
El dardo del «Sillón de Rivadavia» El momento de mayor tensión política ocurrió cuando el Presidente, en un tramo de su discurso, apuntó contra quienes —según su visión— conspiran para desgastarlo. Al mencionar que tanto opositores como «algunos propios» están pendientes de quedarse con el «Sillón de Rivadavia», la mirada de Milei y el silencio que siguió parecieron tener una destinataria clara. Fue una acusación de traición en plena Asamblea Legislativa, sugiriendo que la ambición de poder está instalada dentro de su propia estructura de gobierno.
Conclusión Anoche quedó claro que el Gobierno se ha cerrado sobre su núcleo más duro y familiar. Mientras la Vicepresidenta representa el lazo con la institucionalidad y el voto que los llevó al poder, Karina Milei representa el poder absoluto del «entorno». En esa danza de desconfianza, el Presidente eligió blindarse con su hermana, dejando a la intemperie política a su compañera de fórmula y enviando un mensaje inquietante: en la Rosada, la lealtad se mide en sangre, no en votos.