ECONOMÍA Y POLÍTICA: «LA ARQUITECTURA DEL DESCARTE: EL PLAN DE APERTURA QUE PONE A LA INDUSTRIA NACIONAL FRENTE AL ABISMO»
El Gobierno Nacional acelera el desmantelamiento de las barreras aduaneras bajo la promesa de bajar la inflación mediante la competencia. Sin embargo, lo que los manuales de economía llaman ‘normalización’, para las PyMEs argentinas representa una sentencia de muerte ante la falta de condiciones para competir con el mercado global.
Detrás del término técnico «arquitectura de apertura», el Ministerio de Economía ha diseñado un sistema de vía libre para los productos importados. La estrategia es clara: inundar el mercado local para forzar a las empresas argentinas a bajar sus precios «por las buenas o por las malas». Pero esta liberación no es una competencia justa; es un enfrentamiento entre gigantes globales y una industria local que carga con impuestos récord, tarifas eléctricas en dólares y una logística deficitaria.
El fin del «vivir con lo nuestro»: Durante décadas, la industria nacional sobrevivió bajo el paraguas del proteccionismo, muchas veces a costa de precios altos para el consumidor. El giro actual es de 180 grados. El Gobierno apuesta a que el «shock de oferta» extranjero liquide la inflación. El riesgo, tal como advierten sectores gremiales y cámaras empresariales, es que en ese proceso también se liquide el empleo. Una fábrica de calzado o de textiles que cierra hoy por la entrada de productos asiáticos, difícilmente vuelva a abrir cuando la macroeconomía se estabilice.
La trampa de los costos: La arquitectura oficial se enfoca en la «salida» (los precios en góndola), pero ignora la «entrada» (el costo de producir en Argentina). Mientras se liberan las importaciones de productos terminados, los insumos para fabricar localmente siguen siendo caros y el financiamiento es inexistente. En este escenario, la producción local queda atrapada en una pinza: por un lado, el consumo interno que no repunta y, por el otro, una competencia externa que llega con precios de remate.
¿Consumidores ganadores o trabajadores perdedores?: La gran apuesta de la Casa Rosada es que la clase media vea un alivio en el supermercado y las tiendas de electrodomésticos. Pero la pregunta que flota en el aire es: ¿quién podrá comprar esos productos importados si las fábricas locales, principales empleadoras del sector privado, siguen achicando sus plantillas? El éxito de la «arquitectura de apertura» depende de un equilibrio precario que, hasta ahora, parece inclinarse peligrosamente hacia la desindustrialización.
CONCLUSIÓN: Liberar la economía no es solo una cuestión de decretos y aduanas; es una decisión política sobre qué tipo de país se quiere construir. Si la apertura no es acompañada por una reforma integral que baje los costos de producir en Argentina, la «arquitectura» que hoy celebra el Gobierno podría terminar siendo el mausoleo de la industria nacional. La clase media, una vez más, queda en el medio de un experimento que promete precios de primer mundo con salarios que todavía no salen del fondo del pozo.