martes 24 de febrero de 2026 00:04:14

POLÍTICA EDITORIAL: EL ABISMO ENTRE EL PODER Y EL PLATO DE COMIDA

A todos ellos, desde la dirigencia nacional hasta la provincial, parece habérseles olvidado lo básico: detrás de sus peleas de poder hay gente arruinada

PRECIOS EN ALERTA CARNES Y ALIMENTOS EMPUJAN LA INFLACIÓN

Por Jorge Victorero. Mirar hoy el espectro político argentino produce una sensación de vértigo y, sobre todo, de profunda soledad. Mientras en las altas esferas se libra una guerra de guerrillas por cuotas de poder, hay una clase media —el histórico motor de este país— que está viendo su propio certificado de defunción. Somos los que sostenemos a los de arriba con impuestos y a los de abajo con asistencia, pero hoy, nosotros estamos por desaparecer.

La realidad es una bofetada diaria. En los últimos años, 22.000 industrias bajaron sus persianas, y hoy el goteo sigue en los barrios: el kiosquero que ya no puede pagar la luz, el almacenero que ve cómo sus vecinos ya no pueden comprar carne y apenas llegan al pollo o al cerdo. Comer verdura se volvió un lujo y pagar las tarifas, una misión imposible.

El escenario financiero de las familias es desesperante. Vivimos en la era de la deuda infinita: la gente saca un préstamo para pagar el anterior, o financia el supermercado con la tarjeta, sabiendo que no llegará al día 10 del mes siguiente. Es un círculo vicioso que el Gobierno llama «éxito», pero que en la calle se llama estanflación: precios de primer mundo con sueldos de supervivencia.

En medio de este caos, reaparece Domingo Cavallo sugiriendo que «un poco de emisión» para volcar dinero al bolsillo no vendría mal. Una ironía cruel para un Presidente que hizo del «no emitir» su religión, mientras parece más preocupado por asfixiar a una provincia como Buenos Aires que por el bienestar de los habitantes que viven en ella.

El clima para el próximo discurso de apertura en el Congreso es de una tensión eléctrica. Se anuncian paros de docentes, médicos y estatales. La confusión es total porque el relato está roto: mientras algunas encuestas dicen que vamos por el «camino correcto», la heladera dice todo lo contrario. Muchos de los que votaron con esperanza hoy se retiran en silencio, defraudados por una política que solo piensa en 2027.

La danza de nombres es obscena frente a la crisis: Milei sueña con la reelección; Kicillof busca su lugar en un peronismo fragmentado; Cristina aparece y desaparece mientras su poder se desmorona; los gobernadores saltan de bloque en bloque y figuras como Juez se «pintan de violeta» según sople el viento.

A todos ellos, desde la dirigencia nacional hasta la provincial, parece habérseles olvidado lo básico: detrás de sus peleas de poder hay gente arruinada. Mientras ellos discuten cargos y comisiones, los argentinos discutimos cómo pagar la cuota de la prepaga o qué marca de leche dejar de comprar.

Estamos confundidos, estamos endeudados y, sobre todo, estamos cansados. La política argentina está jugando a la ajedrez en un barco que se está hundiendo, y lo que no entienden es que, si la clase media desaparece, no habrá tablero donde puedan seguir jugando.