LA FASE DELICADA: ENTRE LA FORTALEZA POLÍTICA Y EL ABISMO DE LA PRODUCCIÓN
El Gobierno atraviesa su momento más complejo: mientras logra victorias legislativas con la reforma laboral, la realidad de las fábricas y el empleo formal empieza a marcar los límites de la teoría económica. ¿Alcanza con el orden fiscal para sostener el tejido social?
La Argentina ha ingresado en lo que los analistas definen como la «fase más delicada» del programa de Javier Milei. Tras dos años dedicados casi exclusivamente a la baja de la inflación y al ordenamiento macroeconómico, el foco de la sociedad y del poder político ha virado bruscamente hacia dos palabras que definen el éxito o el fracaso de cualquier gestión: producción y empleo.
El cierre de la planta de Fate no ha sido un hecho aislado, sino la «cristalización» de un temor que recorre el sector industrial. Con una apertura comercial amplia, un dólar que el mercado empieza a percibir como «barato» y una presión impositiva que no cede, el modelo se enfrenta a una encrucijada. Según informes privados citados por La Nación, desde el inicio de la gestión se han perdido 21.938 empresas, lo que representa una caída del 4,3% del parque productivo nacional. Sectores como el neumático, el textil y el calzado hoy sufren el impacto de una competencia global (especialmente de China) para la cual la matriz local no parece estar preparada.
En el plano político, el Gobierno exhibe una dualidad asombrosa. Por un lado, muestra una fortaleza reconstituida al lograr acuerdos con gobernadores aliados y dialoguistas para avanzar en la reforma laboral. Sin embargo, esta potencia legislativa convive con errores propios, como el polémico artículo sobre licencias médicas que terminó empoderando a una CGT que parecía desdibujada.
El gran interrogante que se plantea de cara al 1 de marzo es la falta de un «vocero de la economía real». Mientras el equipo económico —más formateado para las finanzas que para las chimeneas— celebra el superávit, los industriales reclaman un mensaje que vaya más allá del «sobrevivan como puedan». La gestión de Milei no enfrenta hoy al FMI o a los mercados intangibles, sino a un entramado de trabajadores y pymes que son jugadores de carne y hueso.
El experimento libertario se juega su destino en esta carrera contra el tiempo: que la reactivación llegue antes de que el desmantelamiento industrial sea irreversible. Entre el triunfo político en el Congreso y el silencio de las calderas en las fábricas, se define la verdadera sustentabilidad del proyecto que busca refundar la Argentina.