ECONOMÍA: EL FIN DE LA CARNE BARATA Y EL CAMBIO DE PARADIGMA
La retracción en la oferta ganadera y el desajuste de los precios relativos están forzando un cambio estructural en la dieta de los argentinos. ¿Es una transición temporal o el fin de la carne vacuna como bien de consumo masivo?
El mercado cárnico argentino está atravesando una «tormenta perfecta» donde convergen factores cíclicos y estructurales. Según el reciente análisis del economista David Miazzo explicó por qué la oferta tardará años en recuperarse y cómo el límite de los aumentos depende del bolsillo de los consumidores de la situación ganadera, la falta de oferta se ha convertido en el principal vector de presión sobre los precios en el mostrador. Este fenómeno no es casual: la liquidación de vientres y los altos costos de producción han reducido el stock, rompiendo el equilibrio histórico entre la producción y el consumo doméstico.
Desde una perspectiva técnica, el mercado está enviando una señal clara: la carne vacuna ha dejado de ser un bien elástico de bajo costo. El aumento de precios, impulsado por una oferta restringida, ha generado un desplazamiento de la demanda hacia proteínas alternativas como el pollo y el cerdo. Este «cambio de dieta» no es solo una elección de salud, sino una respuesta defensiva del consumidor ante la pérdida de poder adquisitivo real.
Los ejes de la crisis según el análisis sectorial:
Restricción de Oferta: La escasez de animales terminados para consumo interno presiona los valores al alza de forma sostenida.
Precios Relativos: En una economía con alta inflación, el valor de la carne busca compensar los costos logísticos y de insumos, alejándose cada vez más del salario promedio.
Transición de Consumo: El consumo per cápita de carne vacuna ha caído a mínimos históricos, marcando lo que muchos economistas definen como una «reconfiguración de la canasta básica».
Conclusión: El informe advierte que, de no mediar incentivos a la producción y una estabilización de los costos de la cadena, el acceso a la carne vacuna seguirá restringiéndose a los deciles de mayores ingresos. Estamos ante un cambio de paradigma donde la «mesa de los argentinos» pierde uno de sus pilares históricos, transformando un consumo cultural en un bien de acceso limitado.