jueves 19 de febrero de 2026 15:39:35

EDITORIAL: LA «CASTA» TIENE CORONITA Y EL PUEBLO MIRA LA VIDRIERA

Si el éxito de este modelo depende de que el trabajador sea pobre y el funcionario sea intocable, entonces el costo de «ordenar» la economía será el de un desierto social sin precedentes.

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Por: Jorge Victorero.  El Gobierno nacional insiste en que el paro de hoy es una extorsión de la «casta» para proteger privilegios. El relato es efectivo, pero hace agua cuando uno mira quiénes son los que realmente están haciendo el sacrificio. Es muy fácil hablar de «ajuste» desde un despacho oficial, mientras los legisladores, intendentes, concejales y los propios miembros del Ejecutivo nacional mantienen sueldos y prebendas que son un insulto para el trabajador que no llega al día diez del mes.

Si realmente quieren combatir privilegios, ¿por qué no empezamos por casa? Mientras se le pide un esfuerzo heroico al jubilado y al policía, la estructura política en todos sus niveles —desde el Congreso hasta los municipios— parece vivir en una burbuja de dietas blindadas y gastos de representación que nunca pasan por la «motosierra». A esto se suman los magistrados del Poder Judicial, que en una Argentina quebrada siguen sin pagar Impuesto a las Ganancias, amparados en una interpretación de privilegio que no aplica para el resto de los mortales.

La realidad es que estamos ante una de las mayores transferencias de riqueza de la historia. Se festeja que los hacendados exportan ganado y llenan de dólares las arcas del Banco Central para que el Ministerio de Economía haga malabares financieros, pero el resultado es que el argentino ya no puede comprar un kilo de asado. Exportamos la riqueza y nos quedamos con el hambre; el consumo de carne está en los niveles más bajos de las últimas dos décadas porque el salario fue pulverizado en nombre de un equilibrio fiscal que solo cierra en los papeles.

Y mientras la industria se despedaza, nos quieren vender una Reforma Laboral como la única salvación. Pero hay que decir las cosas por su nombre: ¿Quién redactó esa reforma? No fue una mesa de trabajadores ni de pymes asfixiadas. Fue dictada por los estudios jurídicos de las grandes corporaciones. Es una reforma hecha por el patrón para el patrón, bajo el disfraz de «modernización», donde el empleado pierde hasta la seguridad de su indemnización o el derecho a enfermarse sin que le quiten el presentismo.

Es cierto que el país arrastraba vicios que exigían una transformación profunda, pero la mirada oficial parece estar puesta más en la aprobación de los foros internacionales y en alineaciones geopolíticas del norte que en el bienestar de la calle. Mientras la agenda se desvía hacia conflictos ajenos en otras latitudes, aquí el mercado interno se apaga. La clase media, motor histórico de la Argentina, se encuentra atrapada en una pinza letal: entre una dirigencia sindical que a veces llega tarde y un plan económico que parece ver en el consumo popular un obstáculo para sus metas.

No se puede tapar el sol con un dedo. Las protestas de las fuerzas de seguridad en todas las provincias no son «golpismo» ni defensa de privilegios; es el grito de los que cuidan la vida ajena y ya no tienen para pagar el alquiler de la propia. 

El paro podrá no arreglar nada, pero el cinismo de un sistema que llama «casta» a todo aquel que reclama un salario digno, mientras protege la «coronita» de la verdadera dirigencia política, es lo que realmente está rompiendo el tejido de nuestra Argentina.