miércoles 18 de febrero de 2026 19:15:48

EDITORIAL: NÚMEROS QUE CIERRAN, GENTE QUE QUEDA AFUERA

 Entre el superávit fiscal de Milei y la resistencia de una oposición que solo habla de derechos, se levanta una realidad innegable: las fábricas cierran, el bolsillo se vacía y el crecimiento real es una promesa que nunca llega.

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Por Jorge Victorero. La realidad de esta semana es una bofetada: FATE cierra, la CGT para y el Gobierno Nacional se aferra a su libreto. Pero detrás de la pirotecnia política, queda al descubierto una verdad incómoda: al presidente Milei parece no interesarle la industria nacional. Su mirada está fija en un solo objetivo, casi una obsesión: la inflación cero y el superávit fiscal.

Es cierto que bajar la inflación es necesario, pero la pregunta es a qué costo. Si para llegar al déficit cero hay que destruir el poder adquisitivo de los jubilados y permitir que las fábricas cierren por la apertura indiscriminada, no estamos ante un plan de crecimiento, sino ante una limpieza por asfixia. Un país no es una planilla de Excel; es gente que consume, que produce y que necesita llegar a fin de mes. ¿Quién habla hoy del crecimiento en los bolsillos de la gente? El silencio oficial es ensordecedor.

Los políticos oficialistas venden la Reforma Laboral como la «solución mágica» que, de aprobarse, arreglará todo por arte de magia. Pero se equivocan: una ley no crea empleo por sí sola. Podés sacar o poner artículos, podés flexibilizar hasta el cansancio, pero si no hay consumo interno, si la energía es impagable y si abrís las fronteras para que entre mercadería de afuera sin control, ningún empresario va a contratar a nadie, simplemente porque no tiene a quién venderle.

Por otro lado, la oposición se abroquela en un discurso de resistencia, denunciando que esta reforma no es más que un retroceso que le quita derechos conquistados a los trabajadores. El problema es que, en este cruce de acusaciones, nadie ofrece una alternativa superadora. Mientras unos quieren arrasar con todo en nombre de la «libertad» y otros se aferran a leyes que no están impidiendo que 920 familias queden en la calle, el que queda en el medio es el ciudadano de a pie.

Conclusión: El empleo de verdad se logra con una industria pujante, no con parches legales ni con superávit a costa del hambre. La oposición dice que se quitan derechos, el oficialismo dice que se gana eficiencia, pero la única realidad es que el derecho más básico —el de tener un trabajo digno y una jubilación que alcance— es el que hoy nadie está garantizando. No queremos inflación cero en cementerios industriales; queremos un país donde la cuenta cierre, pero con todos adentro.