domingo 15 de febrero de 2026 00:43:24

ANATOMÍA DE UNA CRISIS: GUÍA PARA ENTENDER POR QUE LA REALIDAD NO COINCIDE CON EL DISCURSO

Si el bolsillo de los argentinos está vacío, no hay teoría económica que resista la realidad de un plato de comida o un alquiler que no se puede pagar.

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Por Jorge Victorero.El debate público hoy se mueve entre tecnicismos y eslóganes. Mientras el Gobierno celebra metas macroeconómicas, el ciudadano ve cómo su entorno productivo se degrada. Intentamos responder las preguntas clave que definen este momento crítico de la Argentina.

1. ¿Por qué hay recesión y cierre de empresas?
La recesión es, en términos simples, una frenada brusca de la economía. Ocurre porque se ha priorizado el ajuste fiscal (gastar menos de lo que ingresa) y el control de la inflación mediante el enfriamiento del consumo. Al haber menos dinero en la calle, la gente compra menos; si la gente no compra, las empresas (especialmente las PyMEs) no pueden pagar sueldos ni servicios. Las 22.000 empresas menos que registra la AFIP son el resultado directo de un mercado interno que se quedó sin oxígeno.

2. ¿El cierre de empresas genera nuevos puestos de empleo?
La lógica oficial sugiere que la «limpieza» del mercado permitirá que surjan nuevas empresas más eficientes. Sin embargo, en la práctica, la destrucción de empleo es mucho más rápida que su creación. Cuando una empresa cierra, el capital humano se dispersa y el conocimiento productivo se pierde. Hoy no estamos ante una «rotación» de empleo, sino ante una pérdida neta de puestos de trabajo formales que terminan refugiándose en la informalidad o el cuentapropismo de subsistencia.

3. ¿Para qué sirve el abaratamiento de los costos de despido?
Este es el eje de la Reforma Laboral. El Gobierno sostiene que, si despedir es más barato y menos litigioso, los empresarios tendrán menos «miedo» a contratar.

La mirada del trabajador: Se percibe como una quita de la red de seguridad (la indemnización tradicional).
La realidad: En un contexto de recesión, el abaratamiento del despido suele facilitar la reducción de personal en las empresas que están en crisis, antes que incentivar nuevas contrataciones que solo ocurrirán cuando la economía vuelva a crecer.

4. ¿Por qué hay sectores productivos paralizados?
Sectores como la construcción y la industria manufacturera están en un punto muerto. La construcción se detuvo por la parálisis de la obra pública nacional; la industria, por el aumento de los costos en dólares (tarifas de energía) y la caída de ventas. Un sector paralizado es una máquina que se oxida: volver a ponerla en marcha requiere una inversión y una confianza que el «superávit» por sí solo no garantiza.

El factor tiempo y la sombra del pasado
Llegados a este punto, cabe hacerse la pregunta que el Gobierno evita responder con claridad: ¿Es esta política económica la adecuada? Podría argumentarse que el orden fiscal es necesario, pero la variable de ajuste siempre recae sobre el mismo sector: la clase media. Si el bolsillo de los argentinos está vacío, no hay teoría económica que resista la realidad de un plato de comida o un alquiler que no se puede pagar. ¿Cómo hace la gente si no hay plata en la calle? No se puede vivir de expectativas mientras los precios corren por el ascensor y los sueldos por la escalera.

El espejo de la historia nos devuelve una imagen preocupante. Muchos ven en estas medidas un eco de la política implementada por Martínez de Hoz. Sin embargo, hay un agravante estructural que no podemos ignorar: en aquella época, la Argentina era un país con mucha menos población y un tejido social menos castigado. Hoy, rondamos los 50 millones de habitantes. Aplicar recetas de hace medio siglo a una sociedad masiva, urbana y empobrecida es un experimento de altísimo riesgo.

«La historia parece repetirse como un eco lejano pero peligroso. Al igual que en la era de Martínez de Hoz, hoy se apuesta a la apertura y al dólar planchado como recetas mágicas. Pero hay una diferencia letal: aquel experimento se hizo sobre una Argentina con movilidad social; hoy se hace sobre el lomo de 50 millones de personas, la mitad de las cuales ya está bajo la línea de pobreza. No es solo economía, es una apuesta por la supervivencia social.»

El Gobierno pide paciencia, pero la paciencia es un lujo que solo pueden darse quienes tienen sus necesidades básicas cubiertas. ¿Cuánto tiempo más se necesita para que este ajuste se traduzca en alivio real? El riesgo es que, para cuando los números macroeconómicos terminen de «cerrar», el entramado social y productivo de los argentinos esté tan dañado que no quede nadie en pie para disfrutar de la supuesta recuperación. Sin bolsillo no hay consumo, sin consumo no hay empresa, y sin empresa solo queda el desierto. «50 Millones de Argentinos en el Laboratorio del Ajuste».