lunes 9 de febrero de 2026 00:31:45

ECONOMÍA: LA INFLACIÓN DE «EXCEL» VS. LA INFLACIÓN DE LA MESA: EL PELIGRO DE MEDIR EL PRESENTE CON LENTES DEL PASADO

Las proyecciones para el índice inflacionario de enero sitúan el número oficial en torno al 2,6%. Sin embargo, detrás del promedio se esconde una realidad alarmante: los alimentos básicos, con la carne a la cabeza, corren a una velocidad muy superior. ¿Por qué el país sigue confiando en una metodología de 2004 que ya no representa a los argentinos de hoy?

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El martes, el país recibirá un nuevo dato oficial del INDEC. Según el consenso de las consultoras privadas y los reportes de medios especializados en economía, la cifra de enero oscilará entre el 2,2% y el 2,6%. En cualquier otro contexto, un número así podría interpretarse como una señal de estabilidad. Pero en la mesa cotidiana de los argentinos, el «clima» es muy diferente al que marcan los termómetros de la estadística.

El Alerta que el Promedio Oculta El gran problema de los promedios es que suelen ocultar las tragedias particulares. Mientras el índice general se mantiene en niveles «moderados» por la incidencia de rubros que no son de consumo diario, los productos de primera necesidad —especialmente la carne— han mostrado subas que duplican la inflación general.

Esta brecha genera una sensación de desconexión: el ciudadano siente que su sueldo se pulveriza en la primera semana del mes, mientras que los informes de los economistas de renombre hablan de una desaceleración. Lo que ocurre es que no se está midiendo el costo de vida real, sino una «canasta teórica» que el Estado y los expertos han decidido mantener inalterable.

El Anacronismo de 2004 El corazón del conflicto es metodológico. Argentina sigue midiendo su inflación basándose en una estructura de consumo del año 2004. Hace 22 años, el perfil de gasto de una familia tipo era radicalmente distinto. Hoy, el peso de los servicios tecnológicos, la telefonía móvil y los nuevos hábitos alimenticios han cambiado el mapa del gasto.

Al mantener una vara vieja, el sistema estadístico tiende a «enfriar» artificialmente los números. Si los productos que hoy son esenciales suben con fuerza, pero en la vieja planilla de 2004 tienen un peso mínimo, el resultado final es un índice que luce prolijo en los papeles pero que es insuficiente para negociar salarios, jubilaciones o contratos.

La Conveniencia del Consenso Es notable ver cómo los economistas más consultados del país se alinean con este esquema. Al convalidar un índice que no refleja el impacto real en los sectores populares y trabajadores, se genera un consenso técnico que le sirve al poder político y financiero para pisar las expectativas. Es más fácil administrar una economía con un 2,6% de inflación oficial que admitir que la comida sube al 5% mensual.

Conclusión La inflación no es solo un número; es el precio de la supervivencia. Mientras la estadística nacional siga anclada en una metodología de hace dos décadas, la distancia entre lo que dicen los funcionarios y lo que vive «Doña Rosa» en el supermercado seguirá creciendo. El desafío para el 2026 no es solo bajar los precios, sino recuperar la verdad estadística: un país no puede proyectar su futuro si insiste en medir su presente con las herramientas del pasado.