ECONOMÍA: EL SUELDO DE 2026 FRENTE A LA MENTIRA DE 2004: ¿POR QUÉ EL INDEC NO CARGA SUBE?
Cuando un obrero o un empleado estatal cobra su salario, se enfrenta a una realidad que los manuales de economía parecen ignorar. Mientras el Gobierno y los consultores de la City se regocijan con un «exitoso» 2,5% de inflación, el bolsillo del trabajador grita otra verdad. ¿Cómo es posible que para el INDEC todavía no existan los gastos básicos de una familia moderna?
Imaginemos a un obrero bonaerense que acaba de recibir su recibo de sueldo. Lo primero que hace es cargar la SUBE, pagar el abono del celular (herramienta indispensable para el trabajo y la escuela de sus hijos) y quizás abonar algún servicio de internet para que en su casa no se corte la conexión con el mundo.
Para el INDEC y su bendita «canasta de 2004», la mayoría de esos gastos son fantasmas o tienen un peso ínfimo. En 2004, solo el 7% de los hogares tenía acceso a internet banda ancha; hoy, el 93% de los hogares urbanos depende de esa red. En 2004, el celular era un lujo de pocos; hoy, 91 de cada 100 argentinos tienen uno. Sin embargo, los economistas de renombre siguen usando una vara donde el rubro «Comunicaciones» pesa poco y nada.
La Conveniencia de los «Expertos» ¿Por qué las consultoras que desfilan por los canales de noticias no denuncian esto? Porque para el mundo del dinero, es más conveniente una inflación baja en el papel que una verdad incómoda en la calle. Si el INDEC dice 2,5%, los contratos, las jubilaciones y las paritarias se ajustan por ese número. Se estima que mantener esta medición vieja le permite al Estado un ahorro de $5 billones de pesos anuales en «no aumentos».
Es una complicidad silenciosa: el economista mantiene su prestigio de «riguroso» ante los bancos, y el político (ya sea en Balcarce 50 o en la gobernación de La Plata) ahorra dinero a costa del plato de comida del trabajador.
Doña Rosa vs. El Excel Cuando Doña Rosa va al supermercado y ve que el aceite o la carne subieron un 4% o 5% en un solo mes, no se equivoca. El que se equivoca es el «Excel» del economista, que compensa esa subida con la baja de algún producto que nadie compra o que no es esencial.
Para el empleado estatal, esta «trampa técnica» es letal. Kicillof usará ese 2,5% del INDEC para decirle al maestro o estatal, médico judiciales o al enfermero que un 3% de aumento es «ganarle a la inflación». Pero ese aumento no llega para cubrir el salto real de los precios. El obrero no vive de promedios estadísticos; vive de precios reales.
Conclusión La economía argentina ha dejado de ser una ciencia para convertirse en un juego de sombras. Mientras se siga midiendo el presente con las gafas de hace dos décadas, el sueldo seguirá siendo una pieza de museo: algo que se mira con nostalgia pero que no sirve para comprar el futuro. Es hora de que los economistas salgan del laboratorio de 2004 y caminen la góndola de 2026 junto al obrero que, con su recibo en mano, sabe que la única inflación que importa es la que no le permite llegar a fin de mes.