POLÍTICA: EL OCASO DE «LA JEFATURA ETERNA» Y EL SURGIMIENTO DEL ESCUDO BONAERENSE
El ascenso de Axel Kicillof a la presidencia del PJ bonaerense marca un cambio de época que trasciende las fronteras de la provincia. Mientras los intendentes del Conurbano se alejan de la sombra de Cristina Kirchner, los gobernadores del interior observan con cautela: ¿es Kicillof el nuevo líder federal o simplemente el dueño de la «ancha franja» de Buenos Aires?
Por Jorge Vctorero. La historia del peronismo enseña que el movimiento no es afecto a las derrotas ni a las debilidades judiciales. Lo que hoy se presenta como una «lista de unidad» en el PJ bonaerense es, en realidad, una transición forzada por la realidad. Axel Kicillof ya no es solo el «ministro de Cristina».
Hoy es el dirigente que ha logrado que los «barones del Conurbano» miren hacia La Plata en busca de órdenes, detectando que la conducción histórica de CFK —al igual que ocurrió con el menemismo tardío— empieza a representar un techo electoral debido a su situación judicial y al agotamiento de un modelo de construcción familiar.
El Mirar del Interior: Los Gobernadores y el Recelo Porteño Pero el análisis no termina en la General Paz. A lo largo y ancho del país, los gobernadores peronistas que aún resisten (como los de Formosa, La Pampa o las ligas del Norte) observan este movimiento con una pregunta fija: ¿Kicillof podrá «descapitalizarse»? Para el peronismo del interior, Axel siempre fue visto como un dirigente porteño, muy técnico y muy cercano al Instituto Patria. Sin embargo, ante el vacío de poder nacional, los gobernadores empiezan a verlo como la única «unidad de potencia» capaz de enfrentar al gobierno de Milei.
El Recelo: Temen que Kicillof replique el estilo de «conducción desde Buenos Aires» que tanto criticaron del cristinismo.
La Esperanza: Necesitan un jefe que tenga la «lapicera» para negociar con el Gobierno Nacional y que no esté condicionado por el pasado.
Máximo Kirchner y el Aislamiento Territorial En este nuevo tablero, la figura de Máximo Kirchner queda expuesta. Su subsistencia política ha dependido históricamente del capital simbólico de su madre. Al ceder la presidencia del PJ provincial, Máximo admite una derrota silenciosa ante un peronismo de gestión que ya no tolera las «órdenes por teléfono». Los gobernadores del país ya no lo ven como un interlocutor válido; para ellos, el interlocutor hoy es el que maneja el territorio y los presupuestos.
Conclusión El 7 de febrero de 2026 será recordado como el día en que el peronismo decidió soltarle la mano a la nostalgia para aferrarse al presente. Mientras Cristina Kirchner entra en el panteón de los referentes históricos, Kicillof entra en la arena de la supervivencia pura. Los gobernadores del interior están dispuestos a acompañar, pero con una condición: que este nuevo PJ sea realmente federal y no solo un «Escudo» para defender los intereses de la provincia de Buenos Aires. El éxito de Axel dependerá de si puede convencer al país de que su red de contención llega hasta la última provincia de la Argentina.