POLÍTICA Y ECONOMÍA: EL «ROBO» DE LA ROPA: ¿ES CULPA DEL FABRICANTE O DEL ESTADO «SOCIO» DEL 50%
Las declaraciones de Luis Caputo y Patricia Bullrich sobre la ropa barata en EE.UU. encendieron la mecha en una industria que ya perdió 18.000 empleos. Pero, ¿está la Argentina en igualdad de condiciones para competir? Un análisis sobre impuestos, salarios y el costo de ser industrial en el país más caro de la región
Por Jorge Victorero Director Multimedios PRISMA.
.1. La trampa del 50%: El Estado en la etiqueta
Cuando Caputo dice que la ropa en Argentina es «un robo», olvida mencionar quién se queda con la mayor parte del botín. Según la Fundación ProTejer, la producción (hilar, tejer, teñir y confeccionar) representa solo entre el 8% y el 10% del precio final de una prenda.

Los impuestos: En Argentina, el 50,3% del precio de una remera son impuestos (IVA, Ingresos Brutos, Tasas Municipales, Impuesto al Cheque).
En EE.UU.: La carga impositiva sobre el consumo es bajísima (entre el 0% y el 10% según el estado). El industrial argentino arranca la carrera con una mochila de 40 kilos, mientras el estadounidense corre en pista lisa.
2. ¿Y los sueldos? El mito de la mano de obra
A menudo se argumenta que la ropa es cara porque los salarios son altos. La realidad de 2026 dice otra cosa:

Argentina: Un operario textil categoría inicial cobra alrededor de $742.000 (más sumas no remunerativas). En dólares oficiales, parece «caro» para la región, pero las contribuciones patronales (34,6%) duplican el promedio internacional (14,6% en EE.UU.).
El costo oculto: Contratar en Argentina es un 17% más caro que en el resto del mundo solo por cargas sociales, lo que fomenta la informalidad y destruye a las pymes que quieren estar en regla.
3. Logística y Alquileres: El costo de la vidriera
No es lo mismo vender en un shopping de Buenos Aires que en un outlet de Florida:
Alquileres: Los shoppings argentinos tienen de los costos por metro cuadrado más altos de la región, sumado a expensas y fondos de publicidad.
Logística: Mover mercadería por la Argentina, con el precio del combustible y el estado de las rutas, es infinitamente más caro que el sistema de distribución masivo de EE.UU.
4. La competencia desigual con los «Gigantes» (Shein y Temu)
Caputo defiende la apertura para que los argentinos paguen menos, pero los industriales locales denuncian un «liberalismo ingenuo».
Países vecinos como Chile o Brasil tienen aranceles más bajos, pero también infraestructuras de crédito y estabilidad que Argentina no tiene.
Permitir que entre ropa de China (donde el subsidio estatal y las condiciones laborales son cuestionables) sin bajarle primero los impuestos a la fábrica de Mar del Plata o Luján, es condenarlas al cierre.
Conclusión:
«Decir que comprar ropa en Argentina es un ‘robo’ es una verdad a medias que duele. El robo existe, pero no lo comete el costurero ni el dueño del local que apenas llega a pagar el alquiler. El robo es un sistema tributario que se queda con la mitad de cada prenda, una logística que encarece el flete y una falta de crédito que impide modernizar las máquinas. Si el Gobierno quiere que la ropa valga lo mismo que en Miami, primero debería cobrar los impuestos que cobran en Miami. De lo contrario, no estamos fomentando la competencia, estamos firmando el certificado de defunción de 500.000 familias que viven de la industria textil».