POLÍTICA: LA PARADOJA DE LOS ALINEAMIENTOS «MILEI Y LULA EN EL NUEVO TABLERO DE DONALD TRUMP
Mientras el presidente argentino se subordina políticamente a los Estados Unidos pero predica un librecambio extremo, el mandatario brasileño sintoniza con el proteccionismo de Trump para defender su industria, marcando una brecha cada vez mayor entre las dos potencias del Sur.
El escenario internacional de 2026 presenta una configuración inédita que impacta de lleno en la región. Según el análisis de especialistas, nos encontramos ante un cruce de intereses donde las etiquetas ideológicas tradicionales parecen quedar cortas. El centro de esta puja es el regreso del «mercantilismo» promovido por Donald Trump, quien busca proteger la industria norteamericana mediante la intervención estatal y barreras arancelarias.
El caso Milei: El presidente argentino mantiene una adhesión automática a la figura de Trump en lo político, llegando a integrar su exclusivo «Consejo de la Paz». Sin embargo, en lo económico, Milei y su equipo (encabezado por Federico Sturzenegger) se sitúan en las antípodas del magnate republicano. Mientras Trump cierra fronteras, Milei promueve una apertura total y el retiro del Estado, una postura que incluso genera tensiones con sectores industriales locales —como el caso de la licitación de tubos de Techint—, donde el Gobierno celebró la compra a empresas extranjeras por sobre la producción nacional.
La estrategia de Lula: Por el contrario, Lula da Silva, aunque mantiene una distancia geopolítica con Washington, ha encontrado en el proteccionismo de Trump un espejo para su propia política industrial. Brasil acaba de crear una agencia estatal para procesar sus recursos naturales (como las tierras raras) y exportarlos con valor agregado, una medida que sintoniza con la visión de «fronteras adentro» que hoy impera en las grandes potencias.
Esta divergencia ha congelado la relación bilateral. La tensión llegó a su punto máximo tras los gestos de la diplomacia argentina hacia la oposición brasileña y los comentarios personales entre los mandatarios. En el fondo, el debate que subyace es el mismo que preocupa a las provincias argentinas: ¿puede un país desarrollarse regalando su tejido productivo en nombre de una libertad de mercado que las potencias ya no practican?