POLÍTICA: EL LABERINTO DE LA OPOSICIÓN Y EL DESGASTE DEL MODELO ¿HACIA UNA UNIDAD POR NECESIDAD?
Mientras la imagen presidencial cae en las encuestas y las redes sociales dejan de ser su zona de confort, el arco opositor debate su fragmentación. Con un electorado asfixiado por deudas y tarifas, el interrogante es si figuras como Kicillof, Schiaretti o Pichetto lograrán confluir en una alternativa viable.
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La realidad económica ha comenzado a devorarse el relato oficial. Las últimas consultoras coinciden en un dato alarmante para la Casa Rosada: la imagen de Javier Milei muestra una baja sostenida, perforando pisos que parecían inamovibles. El «termómetro» de las redes sociales, otrora el gran motor del libertario, hoy devuelve críticas feroces y una agresividad que refleja el malhumor social. Los salarios de 800 mil o incluso de 2 millones de pesos se han vuelto insuficientes frente a tarifas eléctricas y de gas que no dan tregua.
En este escenario, la paradoja social es total: ciudadanos que ayer pedían cambio, hoy confiesan que «antes se vivía mejor». La clase media y trabajadora, empujada al Veraz por préstamos de fintech con tasas usurarias para llegar al día 10 del mes, siente que el ajuste no recayó sobre la «casta», sino sobre su propio plato de comida.
Mientras tanto, la oposición juega un ajedrez complejo. Axel Kicillof se consolida como el gobernador de la provincia más grande, pero el camino a la unidad nacional es sinuoso.


Referentes en espera: Figuras como Miguel Ángel Pichetto y Juan Schiaretti mantienen una distancia crítica, mientras que Victoria Villarruel, aparentemente desplazada del núcleo duro de Milei, aparece como una incógnita política.

La izquierda y el peronismo: Myriam Bregman crece en sondeos como una tercera opción de nicho, mientras que dentro del peronismo, la figura de Cristina Kirchner sigue reteniendo un núcleo duro de votos, pese a su situación judicial. Por otro lado, la conducción de Máximo Kirchner en La Cámpora enfrenta cuestionamientos internos por la falta de renovación y adhesión masiva.
El dilema de la unidad: El peronismo en todas sus vertientes sabe que, sin un candidato potable y unificado, el riesgo de fragmentación es funcional al oficialismo.

Outsiders como Dante Guebel también asoman en un tablero donde nadie tiene la última palabra.

El presidente pide paciencia y promete crecimiento mientras profundiza el ajuste.
Sin embargo, la brecha entre el discurso oficial y la economía doméstica —donde el consumo de ropa y el esparcimiento familiar pasaron a ser lujos del pasado— amenaza con transformar el desencanto en una crisis de representatividad que la oposición aún no logra capitalizar por completo.