ECONOMIA: EL DILEMA DEL ÉXITO ENTRE EL ORDEN FISCAL Y EL DESIERTO SOCIAL
A medida que el Gobierno celebra la baja del Riesgo País y las loas del Banco Mundial, surge una pregunta incómoda: ¿es el orden fiscal de Milei una base sólida para crecer o un ajuste que devora a sus propios artífices? El alejamiento de economistas que fueron pilares del «relato libertario» —como Carlos Rodríguez y Carlos Maslatón— deja al descubierto la soledad de un plan que cambió la audacia de la dolarización por la ortodoxia de Luis Caputo. En PRISMA analizamos la purga de los «puros» y el riesgo de un crecimiento que no llega a la calle.
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Este miércoles 8 de abril, el Gobierno se aferra al argumento de la «pesada herencia» para justificar el dolor. Pero el mapa de las lealtades económicas cuenta otra historia:
1. La fuga de los intelectuales: De Rodríguez a Maslatón
El plan original de Milei se nutrió de figuras que hoy son sus críticos más ácidos.
Carlos Rodríguez: El ex viceministro de Menem y rector de la UCEMA fue el primer gran «cerebro» que se alejó, denunciando que el ajuste se hacía sobre los jubilados y no sobre la «casta».
Carlos Maslatón: El analista técnico, que fue clave en el armado de las bases jóvenes, hoy califica el plan como una «estafa deflacionaria» que paraliza la economía real para beneficiar al sector financiero.
El alejamiento de estos nombres sugiere que Milei sacrificó la «revolución liberal» por un esquema de emergencia manejado por los mismos nombres de siempre.
2. El «Orden» de los cementerios
El argumento oficial es que se está «acomodando» el país. Sin embargo, economistas de peso advierten que el superávit se está logrando a costa de una recesión que destruye la capacidad productiva.
No es lo mismo ordenar una empresa para que produzca más, que cerrarla para que no tenga gastos.
La salida de Emilio Ocampo (el hombre de la dolarización) fue el primer aviso de que el plan iba a ser menos «disruptivo» y más parecido a un ajuste tradicional, donde el éxito se mide en Wall Street y no en las PyMEs de La Matanza.
3. ¿Derrame o conflicto social?
El Banco Mundial dice que creceremos, pero la historia argentina es implacable: sin mercado interno, no hay paz social.
Milei hoy cuenta con el apoyo de los mercados internacionales, pero ha perdido el respaldo de los técnicos que le dieron sustento ideológico. Si el «derrame» no aparece pronto, el Gobierno se encontrará con una economía «ordenada» pero con una sociedad en ebullición, como advierten hoy las filas en el transporte y la asfixia de las deudas familiares.
Reflexión
La política es el arte de lo posible, pero la economía es la ciencia de la realidad. En PRISMA nos preguntamos: ¿Puede Milei reconstruir el país con los mismos métodos que sus asesores originales hoy denuncian como erróneos? Haber «acomodado la casa» es un mérito, pero si en esa casa ya no se puede prender la luz ni llenar la heladera, el orden se vuelve insoportable.
El «Poder Real» hoy reside en el Ministerio de Economía, pero el juicio final se dará en las urnas y en la calle. Milei se quedó sin sus «intelectuales» de cabecera; ahora solo le queda que la realidad le dé la razón antes de que el conflicto social, ese que mencionamos hoy, se convierta en el verdadero protagonista del 2026.