domingo 5 de abril de 2026 18:50:37

ECONOMÍA: EL SUPERAVIT DEL MERCADO Y EL DÉFICIT DEL PLATO DE COMIDA

Mientras las pizarras del Banco Central y el FMI muestran números que parecen sanear la macroeconomía, la realidad federal de la Argentina exhibe una herida abierta. Con 13 millones de personas bajo la línea de pobreza y una clase media que se desvanece, nos preguntamos: ¿De qué sirve el éxito de una planilla de Excel si el costo es dejar a media Nación en el camino?

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Editorial Por Jorge Vicrorero — Director de Multimedios PRISMA

Argentina atraviesa hoy un experimento inédito y doloroso. Tras años de fracasos acumulados que nos trajeron hasta aquí, el Gobierno actual ha decidido que el «Superávit Fiscal» es el único Dios al que se debe adorar. Es cierto, la inflación ha bajado porque la economía se ha secado, pero el precio de ese logro está generando un efecto boomerang que ya se siente en todas las provincias, de norte a sur.

1. El espejismo de los números
El Banco Central cierra trimestres con compras récord de dólares y reservas que superan los USD 44.000 millones. Para el «Mercado», esto es música para los oídos. Pero para el argentino de a pie, ese que hoy se enfrenta a una mesa de Pascuas donde el huevo de chocolate o la rosca se han vuelto artículos de lujo prohibitivos, los números de Bausili y Caputo no se traducen en alivio.

La gente empieza a decir algo peligroso para el Gobierno: «Antes, con inflación, por lo menos vivíamos». No es que se ignore el desastre de los gobiernos anteriores, es que el presente ha agotado la capacidad de resistencia. El «oxígeno» (los pesos) ha desaparecido del bolsillo del trabajador.

2. Una pobreza con rostro de futuro
Los datos del INDEC son una bofetada a la conciencia federal: 13 millones de pobres. Pero lo más grave es el desglose. Estamos hablando de que casi 6 de cada 10 niños en nuestro país no tienen lo básico. Estamos ajustando sobre la nutrición y el crecimiento de quienes deberán sostener a la Argentina mañana. ¿Es este el camino adecuado? Quizás técnicamente sea la única forma de evitar una hiperinflación terminal, pero políticamente es una apuesta de «todo o nada» que está triturando a la clase media, ese motor histórico que hoy ve cómo sus sueldos de hambre no alcanzan ni para cubrir los servicios básicos, que suben por el ascensor mientras los salarios van por la escalera.

3. La política de las «quintas propias»
Mientras tanto, vemos una política que parece jugar su propio partido. Gobernadores que acompañan decisiones que ni sus propios legisladores terminan de leer, cuidando cada uno su «quinta» financiera para no quedar secos ante el torniquete nacional. No hay una visión federal de desarrollo, sino una carrera por la supervivencia fiscal.

Se nos dice que vamos a «levantar a la Argentina», pero la pregunta que nos hacemos desde PRISMA es: ¿Quiénes quedarán en pie para ver ese levantamiento? Si el resultado llega cuando ya no quede clase media y cuando la pobreza haya hipotecado a una generación entera, el éxito será una cáscara vacía.

Conclusión: Gobernar no es solo equilibrar una cuenta bancaria; es gestionar las esperanzas y las necesidades de un pueblo.

Hoy, en un domingo de Pascuas donde muchas mesas argentinas sienten el frío de la austeridad forzada, queda claro que este camino no es el ideal.

El mercado puede estar celebrando, pero la gente está sufriendo. Y un país no se reconstruye solo con dólares en el Central, sino con argentinos que puedan, al menos, vivir con dignidad el presente.Fte. MULTIMEDIOS PRSMA