ECONOMÍA: LA MUERTE DE LA «REGLA DE ORO»: POR QUÉ UN LITRO DE NAFTA YA NO VALE UN DÓLAR Y QUIÉN SE QUEDA CON LA DIFERENCIA
Durante décadas, el argentino supo que para conocer el precio del combustible solo debía mirar la cotización del dólar. Hoy, con el billete a $1.400 y el surtidor a $2.000, esa paridad estalló. Una radiografía de cómo el costo logístico se convirtió en el nuevo «impuesto invisible» que asfixia el consumo.
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Por Jorge Victorero – Director de Multimedios PRISMA
En la Argentina de la memoria colectiva, existía una brújula infalible para el presupuesto familiar: 1 litro de nafta súper equivalía a 1 dólar. Era una relación de equilibrio que permitía proyectar costos de transporte, fletes y vacaciones. Pero en este marzo de 2026, esa brújula se rompió. Con el dólar estable en la zona de los $1.400 y la nafta súper arañando los $2.000, la brecha es del 42%. ¿Qué significa este desfasaje para el hombre de a pie?
Significa, lisa y llanamente, que Argentina se ha vuelto «cara en dólares» por el peso de sus costos internos. Mientras el Gobierno celebra la estabilidad del tipo de cambio, el surtidor viaja en un cohete que ya duplicó la inflación general (63,6% de aumento en la nafta vs. 33,1% de IPC). Esta distorsión explica por qué, aunque el dólar no suba, los precios en el supermercado no dejan de escalar: hoy la inflación no la empuja la divisa extranjera, la empuja el costo de mover la mercadería.
El fin del subsidio y la nueva recaudación Este escenario revela que el fin de los subsidios no buscó solo «sincerar» la economía, sino que permitió una transferencia directa de recursos desde el bolsillo del trabajador hacia las petroleras. Al romper la paridad histórica, el combustible pasó de ser un insumo básico a una herramienta de recaudación voraz.
Como venimos sosteniendo en nuestra Cruzada Nacional, este es el origen de la fractura en la cadena de pagos. El ciudadano que carga el tanque para ir a trabajar o el fletero que debe renovar sus insumos, se encuentran con que su ingreso real se licúa en el surtidor. No es casualidad que la mora en el sector Fintech haya trepado al 26%: la gente se está endeudando para pagar el costo de circular.
La paz de los cementerios Si el dólar se queda en $1.400 y la nafta sigue subiendo, entraremos en lo que los economistas llaman la «paz de los cementerios»: estabilidad financiera con consumo muerto. Sin una recomposición urgente de los salarios —que hoy volvieron a perder contra la inflación— y sin un Plan de Salvataje para los Deudores, la brecha entre el dólar y la nafta terminará por hundir la actividad económica.
La libertad de precios no puede ser la libertad de asfixiar al que produce. Es hora de que el Congreso analice esta distorsión y entienda que, si el combustible es el doble de caro que el dólar, el país no tiene futuro productivo, sino una lenta agonía financiera.