domingo 22 de marzo de 2026 11:18:01

POLÍTICA: EL FIN DE LA MÍSTICA UN GOBIERNO DE ESPALDAS AL LÍMITE SOCIAL

Mientras el 67% de los argentinos afirma que su paciencia se agotó, el oficialismo se fractura en guerras de palacio. De los gastos millonarios de Manuel Adorni al choque frontal entre la senadora Patricia Bullrich y Karina Milei, el país asiste a una parálisis de gestión que Luis Caputo pretende ocultar bajo un «No hay Plan B». El tiempo se acabó.

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EDITORIAL: Por Jorge Victorero Director Multimedios Prisma
Gobernar es, ante todo, resolver problemas, no agravarlos. Sin embargo, la gestión de Javier Milei parece haber entrado en un peligroso cono de sombras donde la ideología desplaza a la idoneidad. Hoy, la sociedad argentina no solo está agobiada; está quebrada. El dato es demoledor: el 59% de la población ya llegó al límite y un escaso 14% está dispuesto a seguir otorgando crédito a ciegas. En este contexto, la política de «no aumento de salarios» frente a los tarifazos salvajes de Luis Caputo ha generado una tragedia silenciosa: la morosidad récord.

El cementerio de deudores y la falta de leyes
La política económica de este Gobierno ha empujado a millones de familias al abismo financiero. Hoy existen niveles históricos de morosidad en bancos y, sobre todo, en fintech, donde los intereses son usurarios. Mientras el oficialismo se enreda en discusiones abstractas, figuras como Miguel Ángel Pichetto han debido tomar la posta con proyectos de ley de desendeudamiento para intentar salvar a quienes quedaron atrapados entre un sueldo congelado y una deuda impagable. Es el fracaso más rotundo del gobernante: castigar al que produce y consume para sostener una planilla de Excel que no cierra con la gente adentro.

Internas de palacio en un barco a la deriva
La parálisis política tiene responsables con nombre y apellido. El desencuentro entre la Secretaría General de la Presidencia, comandada por Karina Milei, y la senadora nacional Patricia Bullrich ha neutralizado al Congreso. Bullrich, en un movimiento arriesgado que buscaba recuperar iniciativa, terminó exponiendo al oficialismo a una derrota parlamentaria humillante. La respuesta de Martín Menem, decidiendo cerrar los debates «hasta nuevo aviso», es la confesión de un Gobierno que le tiene miedo a la democracia legislativa.

Mientras esto ocurre, los escándalos por los gastos de Manuel Adorni —que contrastan de forma violenta con el discurso de austeridad— y las derivaciones del caso Libra han generado un clima de sospecha que roza la imagen presidencial y a su propio círculo íntimo. ¿Con qué autoridad le pide Javier Milei un esfuerzo más a un jubilado cuando los suyos no pueden explicar sus propios consumos?

La verdad de los números y el Plan B que no existe
El Presidente se enoja con las cifras de desempleo, pero la realidad es terca. Los gobernadores, que son quienes realmente caminan el territorio federal, ya no compran el discurso del «aguante». En cada charla con el ministro coordinador, se llevan la misma respuesta vacía de Caputo: «No hay plan B». Pero los que caminan la calle saben que el tiempo se acortó y que el límite ya fue superado.

Incluso los aliados, como el sector de Mauricio Macri, observan con estupor cómo se dilapida el capital político en peleas de redes sociales mientras el consumo se desploma. La pregunta que recorre los pasillos del poder es inquietante: ¿Qué pasa si el contexto externo falla? Si el apoyo internacional que tanto ponderan se convierte en un «pato rengo», la Argentina de Milei quedará colgada de un pincel, sin gestión propia y con una sociedad que ya bajó el martillo.