jueves 19 de marzo de 2026 18:00:33

ECONOMÍA: LA CONFESIÓN DE CAPUTO «ENTRE LA INFLACIÓN PERSISTENTE Y UN PESO QUE NADIE QUIERE»

Tras conocerse los últimos datos del IPC, el Ministro de Economía, Luis Caputo, lanzó una frase que resuena como un baño de realidad: “No podemos forzar a los argentinos a tener pesos”. Mientras el Gobierno reconoce las dificultades para estabilizar los precios, la calle sufre el costo de una moneda que ha perdido su función de reserva y un programa que fía todo a la paciencia social.

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La economía argentina ha entrado en una fase de «sinceramiento brutal». Las recientes declaraciones de Luis Caputo no solo explican la dinámica inflacionaria, sino que exponen el límite de cualquier plan económico: la confianza. Al admitir que el Estado no puede obligar a la ciudadanía a confiar en una moneda que históricamente ha sido sinónimo de pérdida, el Ministro deja entrever que la batalla contra los precios será mucho más larga y dolorosa de lo prometido.

El síntoma de la desconfianza
Para el análisis de Multimedios Prisma, lo que Caputo describe no es una elección estética de los argentinos, sino una estrategia de supervivencia. La inflación no es solo un fenómeno monetario; es el reflejo de una sociedad que, ante la falta de un horizonte claro, se desprende de su moneda apenas la recibe para cubrir necesidades básicas o buscar refugio en activos más seguros. Esta «huida del peso» es el combustible que mantiene encendida la hoguera de los precios, a pesar de los esfuerzos por secar la plaza de liquidez.

La brecha entre el Excel y la Góndola
Mientras en los despachos oficiales se habla de metas fiscales y absorción monetaria, en los barrios de Mar del Plata y el conurbano bonaerense la realidad es la de la nota de Miguel Saredi que publicamos recientemente: una desconexión creciente. El Gobierno parece apostar a que el «castigo» al peso eventualmente forzará una estabilidad, pero el costo lo pagan los jubilados y los trabajadores formales, cuyos ingresos no tienen la velocidad de la remarcación.

El análisis de Multimedios Prisma: ¿Hacia dónde vamos?
Desde nuestra redacción, observamos que la frase de Caputo es también una advertencia: si no hay demanda de pesos, el margen para bajar la inflación es nulo sin una reforma aún más profunda o una dolarización de facto que ya sobrevuela en el imaginario colectivo. El «no podemos forzar» suena a una claudicación temporal del Banco Central frente a un mercado que ya dictó su sentencia.

La pregunta que nos hacemos hoy en Prisma es: ¿Cuánto más puede aguantar el entramado productivo y social este escenario de incertidumbre cambiaria? Si la política no logra que el peso sea, al menos, una herramienta útil para el comercio diario, estaremos ante un cambio de paradigma donde la identidad nacional perderá su último bastión: su propia moneda.