EDITORIAL: LA PÀZ DE LOS CEMENTERIOS «INFLACIÓN 0% CON BOLSILLOS VACIOS
¿Dónde están los que deberían ocuparse? Los legisladores y gobernadores parecen mirar para otro lado, quizás porque sus dietas y privilegios los mantienen a salvo de la tormenta.
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Por: Jorge Victorero Director Multimedios Prisma
Luis Caputo acaba de ratificarlo: el Gobierno espera que la inflación perfore el 1% mensual entre agosto y octubre de este 2026. Es la meta sagrada. Pero mientras el Excel oficial se ordena, el termómetro de la calle marca una fiebre social que el oficialismo prefiere ignorar. ¿Qué pasa el día después de llegar al «0%» si para entonces el tejido productivo está desintegrado?
¿Existe el derrame o es solo un espejismo?
La teoría del «derrame» que sostiene este modelo parece desafiar las leyes de la gravedad. Milei y su equipo nos dicen que, una vez alcanzado el orden fiscal, el bienestar bajará solo desde la cima. Sin embargo, en este marzo de 2026, lo que vemos es un derrame inverso: las familias «derraman» sus ahorros, sus joyas y su dignidad para pagar la luz o el mínimo de una tarjeta de crédito.
La gran mentira del relato oficial es que el alivio será inmediato. La historia argentina nos enseña que destruir la industria pyme y los negocios de barrio lleva semanas, pero reconstruirlos lleva décadas. ¿Con qué dinero va a consumir la gente si el salario se licuó frente a tarifas que suben por ascensor mientras los sueldos van por la escalera —y con peldaños rotos—?
Un Gobierno de «Pocos» para una Argentina de «Muchos»
Como bien señalamos, este parece un gobierno diseñado para otro país. En la Argentina real, el 60% que apoyaba con esperanza hoy empieza a mostrar una crítica feroz. Ya no son solo los «corruptos que vivían del Estado» (aunque los sigue habiendo, y muchos se han reciclado bajo el ala libertaria); es el comerciante de Mar del Plata que no puede pagar la tasa municipal, es el jubilado que ya no compra carne, es el laburante que se endeuda para viajar.
¿Dónde están los que deberían ocuparse? Los legisladores y gobernadores parecen mirar para otro lado, quizás porque sus dietas y privilegios los mantienen a salvo de la tormenta. Mientras tanto, figuras como Manuel Adorni personifican esa desconexión: del púlpito de la austeridad pasaron al goce de la estructura estatal con una naturalidad que ofende a quien hoy no llega a fin de mes.
El abismo del desendeudamiento
Hoy es histórico: la deuda de las familias argentinas con financieras y tarjetas es una bomba de tiempo. Si los proyectos de alivio que duermen en el Congreso no se tratan de forma urgente, el 0% de inflación de Caputo será apenas una anécdota técnica en un país con una clase media extinguida. Sin gente con dinero en el bolsillo, no hay economía; hay apenas un desierto fiscal con las cuentas ordenadas.