sábado 14 de marzo de 2026 11:36:27

ALERTA ROJA FINANCIERA: LA MOROSIDAD DE LAS FAMILIAS ES LA MAS ALTA EN 15 AÑOS

El sistema financiero cruje bajo el peso de la recesión. Según los últimos datos del Banco Central, el atraso en el pago de créditos personales y tarjetas de crédito alcanzó un pico histórico. Con los salarios perdiendo la carrera contra las tarifas y los alimentos, el 2026 se perfila como el año del «estallido» de la deuda privada.

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La economía real ha golpeado la puerta de los bancos. El nivel de irregularidad en el pago de préstamos a las familias saltó a niveles que la Argentina no registraba desde hace una década y media. Ya no se trata solo de no llegar a fin de mes, sino de la imposibilidad de cumplir con los compromisos financieros básicos que antes servían de «colchón» ante la crisis.

Los motivos del colapso:
Tarjetazo de supervivencia: Muchos hogares utilizaron el plástico para comprar alimentos y pagar medicamentos durante el último año. Hoy, con tasas que siguen siendo elevadas y límites de crédito congelados, el pago mínimo se volvió una trampa impagable.
El impacto de las Tarifas: El fuerte ajuste en los servicios públicos durante este primer trimestre de 2026 obligó a miles de familias a elegir entre pagar la luz o la cuota del préstamo personal.
Caída del salario real: A pesar de los anuncios oficiales, la capacidad de pago se pulverizó frente a una inflación que, aunque desacelera en algunos rubros, sigue siendo alta en los consumos de primera necesidad.
¿Qué esperar para el resto de 2026?
El informe advierte que, si bien el Gobierno apuesta a una recuperación en «V», el sector bancario se prepara para un escenario de mayor incobrabilidad. Las entidades financieras ya están endureciendo los requisitos para otorgar nuevos créditos, lo que genera un círculo vicioso: sin financiamiento, cae más el consumo; y sin consumo, la reactivación se aleja.

Para el lector de El Censor y Multimedios PRISMA, este dato es un termómetro de la calle. En distritos como La Matanza o ciudades como Mar del Plata, donde el comercio depende del poder adquisitivo local, la asfixia crediticia se traduce directamente en persianas bajas y una economía que se mueve al ritmo del efectivo que ya casi no existe.