viernes 13 de marzo de 2026 16:32:51

ECONOMÍA: EL REGRESO DE LAS EXCUSAS: CAPUTO JUSTIFICÓ EL SALTO INFLACIONARIO POR EL AUMENTO DE LA CARNE

Tras conocerse el índice de febrero, el Ministro de Economía reconoció que el número fue superior a lo esperado pero lo atribuyó a factores puntuales. Mientras el Gobierno habla de un «hipo» en la tendencia, la realidad marca que el precio de los alimentos básicos sigue siendo el motor de la crisis que golpea a los sectores más vulnerables.

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Luis «Toto» Caputo rompió el silencio tras la difusión de los datos oficiales del INDEC que confirmaron una interrupción en la curva descendente de los precios. Lejos del optimismo de meses anteriores, el Ministro de Economía admitió que el dato fue negativo, aunque intentó restarle dramatismo: «Esperábamos el dato porque la suba de la carne pegó fuerte», señaló el funcionario para justificar el rebote inflacionario.

Según la visión de la cartera económica, el incremento en las góndolas durante febrero respondió a un reacomodamiento en la cadena cárnica y no a una falla en el programa monetario de «emisión cero». Para Caputo, se trata de un fenómeno transitorio que no altera el objetivo final de llegar a la inflación de un solo dígito en el corto plazo.

¿Realidad o conveniencia?
Sin embargo, el análisis del Ministro choca con la percepción del consumidor y con los informes de consultoras privadas que mencionábamos anteriormente. Al culpar exclusivamente a la carne, el Gobierno parece pasar por alto otros factores determinantes:

El peso de las tarifas: El incremento en la luz, el gas y el agua tiene un impacto residual en toda la cadena de producción que no se agota en un solo producto.
La brecha metodológica: Como advierte el informe del CEPA, la medición actual subestima los gastos fijos de los hogares, por lo que el «golpe» de la carne es solo la cara más visible de un aumento generalizado del costo de vida.
El consumo en mínimos: Lo que más preocupa a los analistas es que los precios suben incluso con las ventas desplomándose, lo que indica que el problema no es solo de «oferta y demanda», sino de costos estructurales que el plan oficial no logra contener.
En las carnicerías de barrio de La Matanza, la frase del Ministro suena a poco. Para el vecino que ha tenido que recortar el consumo de proteína animal a niveles históricos, la explicación técnica no alcanza para cubrir la brecha entre el salario y la caja del supermercado. Con este escenario, Caputo enfrenta ahora el desafío de demostrar en marzo que el «efecto carne» fue, efectivamente, un evento aislado y no el inicio de un nuevo escalón inflacionario.