miércoles 25 de febrero de 2026 15:02:31

ECONOMÍA: «ADIOS AL ASADO: LA CARNE VACUNA ENTRA EN UN CICLO PROHIBITIVO Y LAS CARNICERIAS ENFRENTAN SU PEOR CRISIS»

 Con el kilo de asado rozando los $25.000 y una caída del consumo del 13% en lo que va del año, la mesa de los argentinos sufre una transformación histórica. Mientras el Gobierno celebra el equilibrio fiscal, las heladeras de las carnicerías se llenan de stock que nadie puede pagar y el pollo se convierte, por primera vez, en el rey forzado de la dieta familiar.

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La advertencia de las cámaras de matarifes es contundente: el traslado de la suba de la hacienda a las góndolas aún no terminó. En las últimas semanas de febrero, el precio del animal en pie subió un 7% adicional, lo que promete nuevos aumentos para marzo. Este fenómeno ha empujado el consumo per cápita a niveles históricamente bajos, situándose cerca de los 44 kilos anuales, una cifra que nos retrotrae a la crisis del 2001-2002. La carne vacuna, símbolo de la identidad nacional, ha pasado de ser un derecho cotidiano a un artículo de lujo para la clase media.

Carnicerías al borde del cierre: El panorama en los barrios es desolador. Los carniceros reportan que los clientes ya no piden «un kilo», sino que compran «por monto»: «cien pesos de esto», «mil de aquello». La caída en las ventas ronda el 20% en volumen, lo que pone a los comercios minoristas en una encrucijada letal: si trasladan todo el aumento, no venden nada; si no lo hacen, pierden capital de trabajo. A este ritmo, muchas carnicerías familiares evalúan bajar la persiana ante la imposibilidad de sostener los costos de refrigeración con mostradores vacíos.

La «Pollo-dependencia» y el cambio de dieta: Por primera vez en la historia reciente, el consumo de carne aviar ha superado oficialmente al de carne vacuna. El cerdo también gana terreno con precios que llegan a ser un 50% más económicos. No se trata de un cambio de gusto, sino de una sustitución por necesidad. La clase media trabajadora ha sido desterrada del mostrador de la vaca; hoy, un asado para cuatro personas con achuras y bebida ya supera los $50.000, un costo prohibitivo para salarios que siguen corriendo por detrás de la inflación de alimentos.

¿Hay techo para los aumentos?: Aunque el Gobierno sostiene que los precios se estabilizarán por la propia caída de la demanda, la realidad productiva marca otra cosa. El stock ganadero está estancado y la exportación sigue siendo el refugio para los frigoríficos, lo que deja al mercado interno con lo poco que sobra y a precios internacionales. La «arquitectura» económica de la Rosada parece no contemplar que, sin poder adquisitivo, la estabilidad es solo una cifra vacía para quien ya no puede poner un plato de proteína en su mesa.

CONCLUSIÓN: El drama de la carne es el resumen perfecto de la Argentina del 2026: una macroeconomía que se ordena en los papeles pero que desordena la vida de la gente. Ver carnicerías vacías y pizarras que se tachan todos los días con nuevos precios es la imagen de una sociedad que está perdiendo sus costumbres más básicas. La política de «libre mercado» está chocando de frente con la realidad del hambre y el ajuste, dejando a la clase media a la deriva en un país que produce alimentos para 400 millones, pero donde su propia gente no puede comprar un kilo de carne picada.