SILENCIO EN LOS ESTADIOS: LA ESTRATEGIA OFICIAL FRENTE AL PARO DEL FÚTBOL Y EL DESAFÍO DE TAPÌA
El Gobierno Nacional ha decidido ignorar mediáticamente el conflicto con la AFA para evitar darle entidad a la denuncia de «persecución política» de la dirigencia deportiva. Mientras Tapia y Toviggino tensan la cuerda con la amenaza de detener la pelota, la Casa Rosada apuesta al vacío comunicacional como arma de neutralización.
El fútbol argentino se asoma al abismo de un paro, pero en los pasillos de la Casa Rosada el tema parece no existir. Ante la escalada del conflicto con la cúpula de la AFA, la administración de Javier Milei ha bajado una orden clara a sus voceros: no alimentar la narrativa de Claudio «Chiqui» Tapia y Pablo Toviggino, quienes intentan presentar las inspecciones y reformas oficiales como una campaña de persecución política.
La táctica del vacío Para el Gobierno, cada palabra dedicada a la AFA es un punto a favor de la dirigencia del fútbol. Entienden que la amenaza de paro es un «último recurso» de una estructura que se siente acorralada por el avance de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) y las auditorías sobre los fondos del fútbol. Al «evitar el tema», el Ejecutivo busca que el conflicto se desgaste por su propio peso y que el costo social de que no haya fútbol recaiga exclusivamente sobre los hombros de la dirigencia de la calle Viamonte.
Tapia vs. Milei: Un duelo de legitimidades La estrategia de la AFA es victimizarse para abroquelar a los clubes detrás de la bandera de la «soberanía deportiva». Por el contrario, el oficialismo nacional confía en que el hincha común, ese que sufre el «abismo» económico que mencionamos en nuestro editorial, vea en la dirigencia del fútbol una extensión de la «casta» que se resiste al cambio. Es una batalla por la opinión pública donde el silencio es, paradójicamente, el grito más fuerte del Gobierno.
El fútbol como distracción y realidad Mientras el país discute la generación de riqueza y la crisis de empleo, el fútbol aparece como el escenario donde se dirimen tensiones de poder reales. Un paro de actividades no solo afectaría el ánimo social, sino que expondría la incapacidad de ambos bandos para llegar a un punto de equilibrio. Para la Rosada, legitimarlos es perder; para la AFA, el silencio es la señal de que el golpe está doliendo.
Conclusión: La pelota no se mancha, pero se detiene En este juego de espejos, el ciudadano vuelve a quedar en el medio. La pelota podría dejar de rodar no por una cuestión deportiva, sino por un choque de arquitecturas de poder. Si el Gobierno logra mantener su postura de indiferencia, obligará a la AFA a ejecutar un paro que podría volverse un bumerán social. El silencio, en política, suele ser la antesala de la batalla final.