ECONOMÍA: OTRO GOLPE AL BOLSILLO: LAS PREPAGAS APLICARÁN NUEVAS SUBAS EN MARZO Y EL AJUSTE RONDARÁ EL 3%
Las empresas de medicina prepaga confirmaron un nuevo incremento para el tercer mes del año. En un contexto de salarios pulverizados, el aumento profundiza la crisis de la clase media y la migración forzada al sistema de salud público, ya saturado.
Marzo no dará tregua a las economías familiares. Las principales operadoras de medicina prepaga comenzaron a notificar a sus afiliados que las cuotas sufrirán un nuevo incremento cercano al 3%. Aunque el porcentaje parece menor frente a los saltos de meses anteriores, el impacto es acumulativo y se produce en el momento de mayor presión financiera para los hogares, coincidiendo con el inicio del ciclo lectivo y los aumentos en servicios básicos.
Este nuevo ajuste se suma a la preocupante estadística que venimos siguiendo en Prisma: con salarios que en el sector formal han perdido hasta un 20% de poder de compra en los últimos ocho años, la medicina privada se está convirtiendo en un artículo de lujo. Las empresas justifican la suba en el incremento de los costos de insumos médicos y la necesidad de actualizar los honorarios profesionales, pero la realidad es que el bolsillo del afiliado ya no tiene margen de maniobra.
El fenómeno está provocando una doble crisis:
Migración al sistema público: Miles de afiliados se dan de baja o saltan a planes «low cost» con copagos, sobrecargando los hospitales públicos que ya enfrentan sus propios problemas presupuestarios.
Cierre de empresas: Para las Pymes —recordemos que ya cerraron 22.000—, el costo de la cobertura de salud de sus empleados se vuelve una carga insostenible, alimentando el círculo vicioso de la crisis económica.
Mientras la CGT se prepara para reunirse este miércoles y el conflicto en sectores como FATE sigue sin solución, el aumento de las prepagas funciona como un recordatorio de que la inflación, aunque se desacelere en algunos rubros, sigue golpeando los costos fijos ineludibles de las familias argentinas. El «marzo explosivo» que anticipábamos suma así una nueva presión sobre una clase media que ya no encuentra respiro.