lunes 9 de febrero de 2026 15:13:57

ECONOMÍA: EL «EFECTO TERMOMETRO»: CAPUTO Y LA ENCRUCIJADA DE UN INDEC QUE VUELVE A ESTAR BAJO SOSPECHA

Tras la salida de Lavagna y la marcha atrás con el nuevo IPC, el Gobierno enfrenta su mayor crisis de credibilidad. ¿Por qué el mercado y la calle desconfían de un índice que parece diseñado para medir una Argentina que ya no existe?

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La economía no se maneja solo con planillas de cálculo, sino con expectativas. El reciente informe de MDZ pone el dedo en la llaga: el Ministro de Economía, Luis Caputo, enfrenta una tormenta de desconfianza tras decidir que la inflación de enero se mida con la «vieja vara» de 2004. Esta decisión no es un simple detalle técnico; es un mensaje político que ha encendido las alarmas tanto en los despachos de la City como en las colas de los supermercados.

La sombra de la manipulación La postergación del nuevo sistema de medición, justo cuando los precios de los servicios y las tarifas comenzaban a escalar, reaviva fantasmas que el país creía haber desterrado. Al aferrarse a una canasta de consumo de hace 22 años —donde rubros como la conectividad y las plataformas digitales casi no existen—, el INDEC entrega un número que «cierra» en los papeles pero que no «llena» las heladeras. La renuncia de Marco Lavagna no hizo más que confirmar que la tensión entre la realidad técnica y la necesidad política ha llegado a un punto de ruptura.

Un costo de 5 billones de pesos Detrás de la defensa de la «transparencia» que ensaya el Palacio de Hacienda, asoma una cifra escalofriante: se estima que el uso del índice desactualizado le permite al Estado ahorrar cerca de $5 billones de pesos en pagos de jubilaciones, asignaciones sociales y bonos atados a la inflación. Es, en la práctica, un ajuste silencioso ejecutado a través de la estadística.

Conclusión Para Caputo, el IPC de enero no es solo un número; es un test de credibilidad. Si el índice oficial se aleja demasiado de lo que el ciudadano percibe al pagar la luz o comprar carne, el Gobierno corre el riesgo de romper su activo más preciado: la confianza de quienes creyeron que esta vez los números no se iban a «dibujar». El «termómetro» puede marcar que no hay fiebre, pero el paciente sigue sintiendo el impacto de los precios en el bolsillo de cada día.