domingo 18 de enero de 2026 00:07:26

¿QUIÉN GOBIERNA EL HOY? «LA CLASE MEDIA ENTRE EL FANTASMA DEL PASADO Y LA PROMESA DEL MAÑANA

«Mientras la política se obsesiona con explicar las ruinas del ayer y vender el paraíso del 2027, una clase media asfixiada y endeudada intenta sobrevivir a un presente sin brújula. Entre el superávit del Excel y el vacío del bolsillo, ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un futuro que se construye ignorando el ahora?

unnamed (8)

Por: Jorge Victorero Director. Argentina ha entrado en la segunda quincena de enero funcionando bajo una lógica de «check-point»: una serie de puestos de control donde el país se detiene a ver si todavía tiene combustible para seguir. La semana que cierra no solo dejó paritarias provinciales cerradas con fórceps; dejó la confirmación de que el país está viviendo dos realidades paralelas que, tarde o temprano, deberán encontrarse.

El cielo de los mercados, la tierra de los precios
A nivel nacional, el Gobierno de Javier Milei atraviesa su momento de mayor idilio con el sistema financiero internacional. Con un Riesgo País perforando los 600 puntos y el FMI elogiando la «disciplina fiscal inquebrantable», la macroeconomía argentina parece haber encontrado una estabilidad de acero. Sin embargo, en la calle, esa estabilidad se siente como una quietud de cemento. La inflación anual del 31,5% con la que despedimos el 2025 ha reconfigurado el consumo: la clase media ya no gasta, sobrevive. El éxito del superávit fiscal es hoy el espejo de una recesión que ha vaciado los carritos de los supermercados y ha convertido el turismo en una «escapada de supervivencia».

La geopolítica del pragmatismo: De Trump a Groenlandia
En el plano internacional, la Argentina mira con fascinación y temor el tablero global. El reciente encuentro de María Corina Machado con Donald Trump —quien le entregó su Nobel de la Paz en un gesto de altísimo voltaje simbólico— marca el regreso de una diplomacia de gestos fuertes pero definiciones esquivas. Trump abraza la causa de la libertad en la región, pero su mirada está puesta en el Ártico, donde el despliegue de la «Operación Resistencia Ártica» por parte de Europa ante las ambiciones estadounidenses sobre Groenlandia, nos recuerda que el mundo ha vuelto a una era de realismo crudo. Argentina busca ser el aliado estratégico del Salón Oval en el sur, pero la pregunta es a qué precio: ¿seremos socios en el desarrollo o simplemente una reserva de recursos estratégicos como el litio y el gas?

El control y la caja: La SIDE y el federalismo en tensión
Mientras el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, envía al Congreso el polémico decreto de reforma de la SIDE, la política doméstica se crispa. La intención de dotar a la inteligencia de facultades de detención y presupuestos reservados en medio de un ajuste feroz a los jubilados y empleados estatales, abre un debate ético y legal que marcará el pulso legislativo de febrero. Esta tensión se traslada a las provincias, que actúan como «estados tapón». El reciente acuerdo del 2,5% en Buenos Aires —logrado tras amenazas de decretazos y denuncias de «pérdida histórica»— es la prueba de que el federalismo hoy es una administración de la escasez. No se discute progreso, se discute cuánto menos se va a perder este mes.

Conclusión: El desafío de la segunda quincena
Llegamos al 18 de enero con un país que ha logrado domar al dólar pero no a la incertidumbre. La «Argentina posible» que pregonan algunos sectores de la oposición y el «paraíso fiscal» que celebran otros desde el oficialismo, chocan a diario en la puerta de los bancos y en las mesas de las familias que este domingo intentan disfrutar de un descanso austero.

El éxito de un modelo económico no se mide solo por la salud de sus bonos, sino por la capacidad de su gente de proyectar un mañana. Por ahora, Argentina sigue en el «check-point», revisando el motor y contando los billetes, esperando que el camino de febrero no sea tan empinado como el de este enero de fuego.

El horizonte 2027: ¿Un país nuevo o un país vacío?

Mirando hacia adelante, el panorama electoral de cara a 2027 ya empieza a teñir cada decisión del presente. El presidente Javier Milei avanza con una determinación que sus seguidores llaman «coraje» y sus detractores «ceguera». Su política económica, que logra domar variables macroeconómicas con una rigidez monacal, se acerca cada vez más al ideal libertario: un Estado reducido a su mínima expresión. Pero en esa carrera hacia la «tierra prometida» de la estabilidad, el costo está siendo la clase media argentina, ese motor histórico de movilidad social que hoy, en este enero de 2026, parece estar entrando en una etapa de extinción silenciosa. Sin ahorros, con servicios que triplicaron su peso en el presupuesto y paritarias que apenas permiten «subsistir», la clase media se pregunta si habrá lugar para ella en la Argentina que Milei está diseñando.

Por el otro lado, el peronismo atraviesa una crisis de identidad que va más allá de la falta de nombres. Las muestras de separación y agotamiento son evidentes; el movimiento parece haber perdido la sintonía fina con una sociedad que ya no se conforma con la retórica de los «viejos líderes». La gente, fatigada de promesas que terminaron en inflaciones de tres dígitos, observa una interna que parece ocurrir en un planeta lejano, mientras en el asfalto bonaerense se pelea por el precio del colectivo.

Conclusión final: El 2026 será el año de la gran apuesta. Los políticos trabajarán arduamente para acaparar un electorado que está cada vez más fragmentado y escéptico. El riesgo es que, en la carrera por conquistar el 2027, se olviden de que un país no es solo un conjunto de variables financieras o un tablero de ajedrez electoral. Si el modelo de Milei triunfa a costa de borrar a la clase media, y si el peronismo no logra ofrecer una renovación real más allá del aparato, Argentina llegará al 2027 con sus cuentas ordenadas, pero con su tejido social roto. El desafío no es solo llegar al poder; el desafío es que, para cuando lleguen, todavía quede un país que representar.

La trampa del mañana: El presente como daño colateral

Sin embargo, el mayor riesgo del experimento actual no es solo económico, sino psicológico. El discurso oficial de Javier Milei parece haber construido un puente que salta por encima de la realidad actual: una base sólida apoyada en el pasado (la explicación constante de la «herencia recibida» y los errores ajenos) y un pilar brillante en el futuro (la promesa de una Argentina potencia). Pero en el medio de ese puente, hay un vacío: el presente.

El Gobierno habla del mañana, pero la clase media vive el hoy. Y el hoy es una familia endeudada con tarjetas de crédito al límite, una imaginación agotada de tanto inventar formas de estirar el sueldo y una sensación de asfixia que no se cura con estadísticas de superávit fiscal. Gobernar solo para el futuro es, en el fondo, una forma de ignorar el sufrimiento del presente. La política no puede ser solo una lección de historia o una promesa de prosperidad lejana; debe ser, ante todo, una respuesta al ahora. Si Milei no logra llenar ese vacío y deja que la clase media se termine de hundir mientras espera el «derrame», el futuro que tanto promete podría llegar a un país donde ya no quede nadie para disfrutarlo.