martes 5 de marzo de 2024 12:06:51

PASO EN FALSO DEL INFLUENCER MILEI Y UN PARO PARA LA HISTORIA DE LA HIPOCRESÍA

Ensalada de Milei en Davos para enseñarle a líderes del mundo sus errores. El Kirchnerismo deja más de 3 millones de pobres y la CGT le para a Milei

Algunos podrán pensar que es curioso y otros que ya no tiene nada de curioso, pero lo que se ve es a presidentes argentinos algo más que de cuando en cuando dando cátedra al mundo mientras todo el mundo ve y no siempre dice: ¿y por casa como andamos? Porque si se trata de andar, andamos mal desde hace larguísimo rato. Pero no es cosa solamente nuestra. Han abundado y abundan los arregla tutti. El que nos interesa ahora, es argentino y también ha ofrecido su clase magistral, claro que en Davos, que no es cualquier cosa.

Empecemos por Davos, porque no siempre está del todo claro de qué se trata y para qué sirve o nos sirve. Por supuesto, de las confusiones se encarga la izquierda, que la ha demonizado porque Davos es de derecha. Pero el foro económico mundial de esa ciudad en los Alpes, inmortalizada por Thomas Mann en La Montaña Mágica, surgió para darle al capitalismo una anual pátina de humanidad, solidaridad y todo lo demás.

Tiene larga prensa y como consecuencia, larga crítica. El menemismo supo aprovecharlo y el kirchnerismo a su modo también. Uno,para sacar patente de Primer Mundo. El otro, no concurriendo y creyendo que así sacaba patente de progresismo. Macri fue en 2016 para dar fe de que la Argentina volvía al mundo.

En Davos el presidente chino y jefe del partido comunista, Xi Jinping, dijo que había que “permanecer comprometidos con el libre comercio”. Thatcher no lo hubiera dicho mejor. Y Putin explicó que el fin de la Unión Soviética había sido una humillación que había que revertir. Casi un anticipo de la infame invasión a Ucrania.

Pero Davos no es lo que era: el infaltable encuentro anual de la globalización. Salvo Macron, y por unas horas, no hubo jefes de Estado del G 20. Siempre cultivó la calidad y por eso había estrellas académicas que se sumaban a políticos y empresarios, que se ilustraban, llenaban sus libretas de direcciones y hacían negocios.

Milei cayó para retar al auditorio y decirle a los capitalistas de Occidente que son poco capitalistas, que tienen que ser menos tibios con la izquierda, que de tibia no tiene nada. Corriéndose más a la derecha, que hay lugar; en el otro hay demasiados y para colmo cada vez que pueden meten más estatismo. Eso sí: siempre en nombre de la democracia.

Pero hizo una ensalada mezclando a Hitler con el socialismo y la democracia cristiana. Reivindicó a la Escuela Austríaca, en la que se inspira, y que entre muchas cosas sostiene que los que hacen avanzar al mundo son principalmente empresarios. ¿Pensará en Gates, Jobs, y ahora en Musk, el Ford de hoy en día, que tiene, además, una especie de NASA propia?

Hasta hace bien poco, por poco un desconocido de la política argentina, Milei busca ahora hacerse lo más conocido que pueda en la política mundial. Un influencer, claro que de derecha. Pero despierta más curiosidad que admiración con ideas que cuesta terminar de entender. Un discurso de reforma del mundo tan pretencioso como ingenuo. En Davos circulan neoclásicos y keynesianos, pocos o nadie de la escuela austríaca que ha dado un solo Nobel, Friedich Hayek, y hace 50 años pero que estuvo asociada al Milagro Alemán de posguerra.

Milei tiene una ventaja, que no se sabe de qué largo o corto plazo es: arrancó recién, lo suyo es oral más que nada. Se mandó un DNU tremendo y una ley ómnibus que es una flota de ómnibus. Y no tiene en el archivo los espantosos resultados de la generalidad de los gobiernos.

Está dando el examen de ingreso más difícil que se haya propuesto un presidente: cambiar tantas cosas, que el riesgo de que consiga ganar poco o nada es alto. Hereda la peor gestión desde el regreso de la democracia: inflación de tres dígitos por primera vez en el siglo. Y este diciembre con la mayor caída del salario desde 2002. El terceto Alberto-Cristina- Sergio deja un ingreso por habitante más bajo que cuando arrancó y más de tres millones de nuevos pobres. Un éxito del espanto.

El aplazado popular por lo pasado ya fue dado. La CGT habría faltado a su fe política admitiendo que su gobierno fue una catástrofe. OK. Pero no hacerle ninguna huelga al kirchnerismo y mandarle un paro general con movilización a Milei a un mes y medio de llegar quedará para la gran, inacabable historia de la hipocresía.

A este ritmo va derecho a romper el récord de Ubaldini: 13 paros generales contra “el gorila de Alfonsín”. Mejor no recordar que Ubaldini, ya fuera de todo y sin poder, reconoció su absurda actitud y le pidió públicamente perdón a Alfonsín.

La andanada cambalachera (por mezcla de Biblia y calefón) del DNU y la ley en busca de su metrobús sufre los bemoles propios de la política y está bien que así sea. Ha quedado también más claro quién es quién en el gabinete. Karina cuida a su hermano, que mira sobre todo números y la economía. Santiago Caputo arma la política. Posse, jefe de ministros que tratan de descifrar a Milei, es un ejecutor. Y Francos maneja la relación con los gobernadores.

Quedan tres semanas de sesiones en Diputados. Hay aliados que quieren que todo salga rápido y con fritas y otros que reclaman cautela y discusión, sin negarle a una gestión que empieza las herramientas para gobernar. En un punto, todos buscan ayudar a Milei, que inventa problemas donde no los hay cuando los ataca como si fuesen enemigos. Del otro lado están los que votan para que no salga nada: el sindicalismo kirchnerista peronista, buena parte del peronismo y toda la izquierda. Ninguna novedad. Pero con el simple expediente de oponerse, huelguear y esperar que Milei no pueda, difícilmente algún partido pueda sacar partido de otro fracaso.

Conviene detenerse a considerar si no hubo un profundo cambio de atmósfera social, mucho más serio que el superficial de los discursos. Tal vez, tanta metida de pata de la política haya generado en una creciente porción de la gente de a pie la decisión de no dejarse seducir más por el macaneo tan gastado. Pero ojo, que la crisis no deja de golpear.Por Alejandro Roa. Clarín. Fte, Identidad Correntina