miércoles 27 de enero de 2021
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ECONOMIA: Lo original esta en lo clásico

ARTICULO PRODUCIDO POR EL RECONOCIDO ECONOMISTA Y EX PRESIDENTE DEL BCRA DR. RODOLFO ROSSI PARA EL MULTIMEDIOS PRISMA. En los últimos tiempos una buena parte de la población está desconcertada y también fastidiada. A fuerza de realidades de un mayor intervencionismo estatal, en forma casi generalizada, puntualiza estas afirmaciones:

– Las nefastas consecuencias de la inflación, y correlativamente, la importancia fundamental de la estabilidad económica.
– La inmediata relación que tiene la creación espuria de dinero con los índices inflacionarios.
– La importancia de la reducción del déficit fiscal.
– Las fallas del estatismo.
– La necesidad del crecimiento económico.
– El estímulo a la acumulación de capital.
– La necesidad de retomar una mayor apertura económica exterior para que con mayores exportaciones se puedan realizar mayores importaciones, insertando al país en un mundo, que a pesar de la crisis, avanza continuadamente en conocimiento y tecnología.

Actualmente, el Estado se está convirtiendo en un objeto de inconformismo generalizado. Una parte importante de la población considera los gastos públicos críticamente, sea por la magnitud que han alcanzado, sea por la deficiencia de los servicios que a través de ellos se prestan.

Todas estas manifestaciones tiene su fuente de sabiduría en genuinos principios de la economía clásica.
Tales principios son la estabilidad económica; la reducción del Estado a sus tareas específicas; el incremento de la producción para el mejor pago de todos los factores que contribuyen a la misma (mejor salario real; mayor ahorro; mayor capitalización); la vinculación nacional con el exterior para la ampliación de los mercados; el estímulo de la competencia con la libre formación de todos los precios; el descarte total de todo tipo de monopolio público o privado.
Estos conceptos constituyen la esencia de la verdadera Economía, que en virtud del esfuerzo competitivo, se opera la “socialización del progreso”, fundamentado en el mayor y mejor rendimiento personal.
Lejísimo están estos sanos lineamientos de la política económica de nuestro país.

Hoy en día, quizá más que nunca predomina la discrecionalidad del “funcionario público”, en la hegemonía y autoritarismo de la gran mayoría de las decisiones económicas de la población. Precios internos regulados; relación cambiaria administrada; tasa de interés predeterminada en perjuicio del ahorro; comercio exterior dirigido; tarifas de servicios públicos subvencionadas; salarios de trabajadores privados encorsetados; monto de jubilaciones disminuidas por abuso de fondos previsionales para fines políticos; imposibilidad elección de una alternativa de ahorro de protección individual del patrimonio; asfixiante presión tributaria; empresas públicas altamente deficitarias, etc. En definitiva vivimos una continua desmejora de la calidad de vida general.

Simultánea a la indisciplina fiscal y la discrecionalidad, el Estado necesita financiamiento del Banco Central, que al efecto crea moneda. Indisciplina monetaria – en los últimos 12 meses la Base Monetaria creció 33,46 % –
que es aún mayor si adicionamos los Bonos de Absorción Monetaria (LEBAC y NOBAC) que, representan el 37,31 % de la Base Monetaria y que está remunerada a una tasa del 12,75 % anual.

Actualmente, todos estamos preocupados por la economía. Lo estamos porque el Estado nos incentiva a ello. Justamente, cuanto mayor es el Estado, mayor es nuestra preocupación patrimonial. Pero ¿Qué queda para la inversión productiva privada? Realmente nada.

La reducción del déficit fiscal no debería ser consecuencia del incremento de la presión tributaria, si no de la reducción del gasto público. Lo racional es la disminución del gasto fiscal e incluso la reducción de la presión tributaria (¿Porqué no empezamos con la reducción de las cargas sociales previsionales para disminuir el empleo irregular y también incrementar la demanda de trabajo?). El sector privado activaría su gestión productiva y estaría dispuesto a pagar simplificados impuestos.
Es un convencimiento que, el gasto público se reducirá evitando los “malos negocios” que generalmente realiza el Estado.

La defensa de la propiedad privada (ahorro y capital) es, en definitiva, la defensa del trabajo acumulado. Es la defensa del trabajo; es la posibilidad de apertura de nuevas fuentes de trabajo. Las utilidades; los retornos de inversión deben ser fuertemente estimulados. Quien obtiene un alto grado de rentabilidad productiva competitiva estará incentivo en su confianza y alentado para invertir más en su activad rentable. Los “autoengaños” presupuestarios, con erogaciones disimuladas, ingresos no realizados y déficits encubiertos solo coadyuvan a la desconfianza y al descrédito de la autoridad pública.
La irrealidad de numerosas informaciones “oficiales” constituye una violación a los derechos de los ciudadanos a la sana información pública, recayendo sobre ellos, inexorablemente, la real financiación inflacionaria que, adicionalmente distorsiona y anarquiza todos los precios relativos.
Un ordenamiento económico debe fundamentarse en un orden político. Sin embargo, una desordenada administración económica llevará puntualmente a un gran desorden político.
Es probable que el desconcierto y fastidio casi general, tenga su raíz en la política, en el derecho, en la justicia. “Derechos vulnerados”, o como distinguía el pensador Jacques Rueff “verdaderos y falsos derechos”, en referencia a la vulnerabilidad del derecho legítimo. Los falsos derechos que erosionan los derechos verdaderos (como la moneda espuria erosiona la moneda verdadera), son las intervenciones del Estado que distorsionan los mercados verdaderos y llevan a una economía de “suma cero”. La peor muestra del individualismo es la discrecionalidad del “funcionario público”.

El sentido común de la población ya está captando la “diferencia”. Silenciosamente está reconociendo los errores del dirigismo, del “voluntarismo verbal”, que no se concreta en realizaciones; la invasión de “falsos derechos” que “reemplazan los verdaderos derechos.
El sentido común de la población está también comprendiendo finalmente, que el gobernante debe tener coherencia e inspirar confianza por la claridad de sus ideas y objetivos, para alcanzar el bienestar general.

En las fuentes del conocimiento, lo original está en lo clásico.

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